10 de agosto de 2017

1 Crónicas 2

 

«Estos son los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad y Aser».  1 Crónicas 2:1-2 RV1960

Antes se vivía en la finca observando a los niños correr tras las gallinas.  Sin rejas, controles de acceso, ni alarmas.  La “tranca” se quitaba con el alba y se ponía en el ocaso.  Los niños caminaban juntos a la escuela y se cuidaban los unos a los otros, pues eran como hermanos.  Todo el barrio celebraba los triunfos de “Junior” y se sufrían sus desaciertos, como si fueran propios.

Lamentablemente, ya no vivimos así.  Hemos olvidado que nos necesitamos los unos a los otros, que heredamos lo que otros trabajaron y que, aunque portamos apellidos diferentes, todos somos hermanos.  Es triste reconocerlo, pero hoy en día, ni los que son “familia” viven como tal.

El cronista pretende afirmar en sus lectores esa conciencia de “familia”.  Los hebreos debían recordar que no existían por sí mismos, sino que pertenecían a una casa, una familia.  Eran “hijos de” y debían dar continuidad a su linaje.  Si poseían algo, no era solo para su beneficio personal, sino para el beneficio de toda la casa.  De igual manera, si tomaban una mala decisión, las consecuencias podían afectar a todos, en especial si se trataba de asuntos espirituales.

Eso me hace pensar en la familia de Dios.  Dios nos llama de manera individual y personal, pero una vez somos insertados en el cuerpo de Cristo, tenemos una responsabilidad grande para con nuestro prójimo.  Si ha sido depositada en nosotros alguna habilidad, no es para nuestra jactancia, sino para la edificación del cuerpo, y, si no ejercemos nuestro llamado, dejamos de ser de edificación.

Dios, hoy nos llama a auto evaluarnos.  Como familia de Dios, ¿estamos edificándonos y sosteniéndonos los unos a los otros?  Cuándo tomamos decisiones, ¿estamos tomando en cuenta que Dios nos da la oportunidad de que seamos parte de la continuidad de Su plan para con nuestra familia, nuestra iglesia, nuestra comunidad, nuestro país?

 

Oración

Señor de los tiempos y las edades, Te damos gracias por la manera maravillosa en la que Te has hecho presente en medio de nosotros.  Gracias por la vida y la oportunidad de ser parte de Tu plan.  Ayúdanos, danos sabiduría, para que con nuestras acciones podamos honrarte y ser canales de bendición a nuestros hermanos.  En el nombre de Jesús.  Amén.