11 de diciembre de 2016

1 Timoteo 1

“Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ella la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia”. (1 Timoteo 1.18-19ª)

 

En otras cartas paulinas, el apóstol reconoce a Timoteo como colaborador de su ministerio.  Quien una a vez fue confiado a su cuidado, y a su vez formado a la luz del Evangelio, ahora se posiciona como receptor de la santa responsabilidad de dar continuidad al propósito de Dios.

En la historia de los individuos y de las organizaciones, existen desafíos puntuales, que de acuerdo a como sean manejados, pueden ser una gran oportunidad para potenciar al individuo u organización, o constituirse en amenaza para su destrucción.  Principalmente esos desafíos hacen su presencia en los espacios de transición.  El apóstol Pablo siempre consciente de la naturaleza humana, (“pero tenemos este tesoro en vasijas de barro”), confía en el evangelio de Jesucristo que ha sido vertido como depósito del poder de Dios en la vida de su hijo en el espíritu.

En la dimensión de las organizaciones eclesiásticas, quienes son actores visibles en los procesos de transición, al igual que Pablo y Timoteo, deben tener plena conciencia de la expectativa divina.  Nuestra condición de “vasijas de barro” está enmarcada en la inalterable verdad que establece “que el poder” del mensaje que anunciamos “viene de Dios y no de nosotros”.  Que es nuestro gozo ser siervos de Dios, y en libertad, vivir conforme al designio profético de nuestro Señor Jesucristo, “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (Iglesia)”.

No olvido las sabias y precisas palabras del Dr. Justo González, quien, en ocasión de un mensaje sobre la transición entre Moisés y Josué, destacó la importancia de entender lo que se escapa en lo inmediato.  “Dios, siempre es el sujeto y el pueblo siempre es el objeto”.  Por tanto, a los actores visibles, “es necesario que mengüen” y “cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”.

El apóstol Pablo y Timoteo, de alguna manera, hicieron suyas las palabras del evangelista e hicieron lo propio para ofrecer continuidad al propósito de Dios.  El primero, con la acción que abre el espacio a la palabra: “Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo” y el segundo con la disposición de vivir “manteniendo la fe y la buena conciencia” pero ambos reconociendo que siempre en toda encomienda el sujeto es Dios y el objeto su pueblo.

 

Oración

Gracias Dios por aquellos y aquellas que han encontrado en el menguar la verdadera libertad del servicio.  Que en humildad se niegan a sí mismos para entregar y recibir lo que has puesto a su cuidado pero que nunca deja de ser Tuyo.  Ese sentir, ha propiciado que Tu Evangelio haya llegado a nuestras mentes y corazones para vivir conforme a Tu voluntad.  Ayúdanos a vivir siempre con la conciencia de que somos vasijas en Tus manos.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida.  Jesucristo el Señor, ¡Amén!