1ro de octubre de 2016

1 Corintios 6

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios (1 Corintios 6.19-20 RVR).

 

¡Somos una obra de arte!  ¡Somos obra de Dios!  Nadie que tuviera un poco de conocimiento y valor por el arte intentaría destruir la escultura “El David” de Miguel Ángel o la “Mona Lisa” de Da Vinci.  Sin embargo, en ocasiones nos atrevemos a destruir la obra maestra de Dios que es nuestro cuerpo.  En ocasiones lo dañamos con vicios, malos hábitos y descuidos.  A veces le restamos valor a nuestro cuerpo porque hemos creído que lo único valioso es el interior.

Los cristianos afirmamos que Dios es nuestro Creador.  Adoramos a un Dios que creó al mundo junto con lo que en él habita y afirmó que era bueno.  El Señor se manifestó en un mundo físico que podemos contemplar y debemos cuidar.  Dios hizo al ser humano a Su imagen y semejanza.  De hecho, el corazón del cristianismo es la historia de Dios mismo tomando forma de carne y sangre viniendo a vivir con nosotros, para ofrecer sanidad física y restauración espiritual.

Estamos unidos a Cristo.  Fuimos comprados a precio de indecible valor.  Por eso debemos glorificar a Dios con nuestro cuerpo, espíritu y alma.  Al hacerlo comprenderemos lo valiosos que somos y honraremos a Dios quien nos creó.

No debemos ser descuidados con nuestro cuerpo.  Fuimos creados para ser morada de Dios. Debemos valorar nuestra vida en todo sentido, en razón de lo que realmente es; de acuerdo al plan de Dios: Su santo templo y Su obra maestra.

Oración

Dios Creador, qué alegría es conocer y sentir que somos hechura de Tus manos.  Ayúdanos a cuidar y valorar nuestra vida.  Deseamos atestiguar que verdaderamente vives en nosotros y que somos una gran obra maestra que Tú formaste.  Amén.

Autor: Gina Marrero