Muy amados en el Señor, es por todos conocido el cántico espiritual que dice: “Puedes tener paz en la tormenta, fe y esperanza cuando no puedas seguir. Aun con tu mundo hecho pedazos, el Señor guiará tus pasos. En paz, en medio de la tormenta”. Muchas veces lo escuché en labios del querido hermano y amigo Eliezer Espinosa, quien ya mora en la presencia del Señor. Eliezer cantaba con unción y gracia divina. Yo llamaba a Eliezer cada vez que tenía un culto funeral. Eliezer era contratista, pero al llamado de su pastor, dejaba la construcción y acudía a la consolación. Muchas veces entonó el cántico “Puedes tener paz en la tormenta” con su hermano Gerson Espinosa.   Recuerdo con admiración que al morir su amada madre, Juanita Ramírez, matriarca de todos los Espinosa, justo antes del sepelio, la familia Espinosa Ramírez, usando los dones musicales que Dios tan abundantemente les ha dado, entonaban con sinceridad y sentimiento el precioso cántico que enseña que podemos tener paz en medio de la tormenta. No solo lo cantaban, lo estaban viviendo en medio de su tormenta. Lo que estaban experimentando en medio de aquella tormenta de emociones es un milagro, fruto de la actividad del Espíritu Santo en el corazón del ser humano. No responde a lo que nos rodea, responde a la Palabra y al poder de Dios.

En momentos en que el mundo convulsa ante una pandemia, cuyo frente de batalla nos es introducido a la intimidad del hogar mediante imágenes de televisión en tiempo real, podemos cantar y afirmar que para quien tiene a Cristo en su corazón, puede haber paz en medio de la tormenta. ¿Cómo se recibe y se vive esta paz en medio de una pandemia?  Para todos y para todas tenemos tres consejos que nos permitirán sentir paz, en medio de las tormentas:

1. Recuerda que si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros? – Los hombres y mujeres de fe vemos más allá del problema porque vivimos como quien ve al invisible. Recordemos a Eliseo cuando se vio rodeado por el ejército sirio. Su criado tuvo miedo al ver al ejército invasor. “Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”. Siempre son más y más grandes los que están con nosotros. Vemos al enemigo, pero no podemos ver a nuestro defensor. Nuestra fe es la que nos sostiene. La fe nos quita las escamas de los ojos para contemplar la gloria de Dios.

En esta misma línea debo recordar que los sirios sitiaron a Samaria de forma tal que nadie podía entrar o salir. Cuando las provisiones comenzaron a faltar, los precios de los alimentos subieron más rápido que lo que subió el desinfectante y el papel de baño en Puerto Rico. Para darle una idea, una cabeza de asno llegó a costar 80 piezas de plata y un cuarto de litro de estiércol de paloma, cinco monedas de plata. En medio de una situación de crisis el profeta de Dios anunció un mejor mañana. Su palabra no solo era una esperanza y consolación, era Palabra de Dios. No tenemos ni debemos inventar mensajes para inspirar. Tenemos y debemos compartir la Palabra de consuelo y esperanza que está en la Biblia, la Santa Palabra de Dios.

El mensaje de Eliseo fue que al otro día siete litros de harina costarían una sola moneda de plata. El anuncio provocó el siguiente diálogo: “Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello”. La Palabra de Dios se cumplió. Se cumplió porque el futuro de los pueblos está en las manos de un Dios que tiene control. Si Dios tiene control, ¿por qué nosotros vamos a perder el control? Si Dios es soberano, ¿por qué perder la paz?  Recuerda siempre, si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

2. Descansa en el Señor – Nuestro Señor nos dio una lección cuando pudo dormir en la barca en medio de la tormenta. Es su Espíritu Santo el que mora en nuestros corazones también. Cuando Pedro fue hecho prisionero, luego de conocer la manera cruel en que otros cristianos fueron martirizados, recibió la custodia de 4 grupos de 4 soldados. “Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme”. ¿Cómo es posible que Pedro se haya quedado dormido? No era el sueño del que escapa por angustia. Evidentemente su plan fue dormir, pues se había quitado las sandalias y le fue necesario ceñirse. Pudo dormir porque los cristianos podemos descansar en el Señor. Pudo dormir porque el Espíritu de Paz moraba en su corazón. Pudo dormir porque algo más grande que las amenazas operaba en su interioridad. No olvides que los cristianos aprendemos a descansar en el Señor.

3. Repite en tu corazón la Palabra de Dios – En su momento más cruento de dolor, nuestro Señor y Salvador Jesucristo repitió la bendita Palabra de Dios. En la Cruz del Calvario pudo repetir el Salmo 22. Lo pudo repetir porque lo sabía de memoria. Lo pudo repetir porque lo guardaba en su corazón. Lo pudo repetir porque en su dolor comprendió que esa Palabra era para Él y se estaba cumpliendo en Él. El Salmo inicia con un doloroso clamor: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Pero termina proféticamente en una gloriosa nota de victoria: “La posteridad le servirá; Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación. Vendrán, y anunciarán su justicia; A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto”. Esa Palabra de Dios es guia, consuelo y fortaleza en la aflicción. Es glorioso verificar que se hace vital, pertinente y necesaria en la vida del creyente, especialmente en los momentos de aflicción. Recordar del Antiguo Testamento que Dios dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. Recordar al Maestro caminando sobre las aguas en medio de la tormenta decir: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!. Recuerda siempre en medio de tu tormenta repetir la bendita y poderosa Palabra de Dios.

Aliméntate con la Palabra y recibirás los nutrientes espirituales necesarios para tener paz aun en medio de la tormenta. Inspírate en la Palabra de Dios, Ama como Cristo y Sirve en Espíritu y en Verdad. Que así nos bendiga el Señor.

Rvdo. Miguel A. Morales Castro

Pastor General ICDCPR