5 de marzo de 2015

Génesis 11-12

 

«Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo.  Nos haremos famosos y no acabaremos dispersándonos por todo el mundo». Génesis 11.4 (TLA)

 

Con el objetivo claro de hacerse famosos y no acabar dispersados por el mundo, los confundidos en unidad decidieron establecerse «en un valle en la región de Babilonia» y hacer de ese lugar su morada.  Atrás quedó el enunciado divino de «llenad la tierra» hecho a Adán y reiterado a Noé.  Una vez más el ser humano se aparta del camino trazado por Dios y se conduce a su antojo, en abierta confrontación con Su Creador.

La construcción de una ciudad y la edificación de «una torre que llegue hasta el cielo» se constituyó en la razón de la cofradía.  El interés de hacerse de un nombre con fuerza de reconocimiento, alcanzó límites de cielo.  La insuficiencia de recursos de uso ordinario para esta categoría de proyecto, resultó en el impulso creativo de los administradores de la obra.  La desobediencia se encarnó en sus vidas y la criatura se rebeló ante Su Creador.  Con sus ojos en los cielos, perdieron la capacidad de ver a Dios.

De día en día se hacen evidentes entre nosotros historias de esta naturaleza.  Personas o grupos que buscan hacerse de un nombre (famosos) a cuestas de otros, de los suyos y hasta de sí mismo, a espaldas de Dios.  Cada vez son más los hijos sin padres, al cuidado de profesionales aderezados de prestigio.  Padres desamparados por soñadores, que solo tienen tiempo para la ambición.  Grupos, instituciones y entidades representativas de toda la variedad social, cargadas de visión y misión, pero carentes de acción.  Cuando nos ciegan los sueños de Adán y Eva, de ser como dioses, y la confusión de espíritu, de edificar ciudades y torres con potencial de cielo, hemos llegado lejos.  Vivimos a los márgenes de Dios.

A manera de contraste y en tiempo de Cuaresma, es de sumo valor reflexionar en el quehacer divino.  Aquel que descendió desde el anhelado cielo a los límites de la tierra con ánimo humilde en «forma de siervo» y «haciéndose obediente» se propone como el camino al cielo.  «Aunque Cristo siempre fue igual a Dios», en Su amor eterno, «no insistió en esa igualdad”, y resuelto en Su querer, «renunció a esa igualdad y se hizo igual a nosotros, haciéndose esclavo de todos».  ¡No hay mejor manera de emplear nuestras capacidades que en el servicio de amor a los demás!  No hagamos caminos alternos en la búsqueda de grandeza y reconocimiento.  Más bien seamos humildes, y en vez de torres o acciones humanas vestidas de altivez, presentemos nuestras vidas de rodillas ante al que se «le otorgó el más alto privilegio» y se le dio «el más importante de los nombres», ¡Jesucristo el Señor!

 

Oración

Señor, perdona nuestra rebelión que se configura en ambiciones del yo y el menosprecio del otro.  Perdónanos por cada ladrillo que hemos usado en desobediencia.  No queremos construir para hallar reconocimiento personal, más bien queremos servir y hallar gracia en Tu presencia.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo el Señor.  Amén.

Autor: David Cortés