20 de mayo de 2017

Deuteronomio 7-9

«No por ser vosotros el más numeroso de todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos, sino porque Jehová os amó y quiso guardar el juramento que hizo a vuestros padres; por eso os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de la servidumbre, de manos del faraón, rey de Egipto». Dt 7.7-8 (RV95)

La entrada del pueblo a la tierra prometida está a punto de realizarse.  Entre los muchos consejos de mantenerse en fidelidad también el Señor les recuerda que no deben sentirse superiores a los demás pueblos.  La elección de Dios por ellos no es por ser mejor que los demás pueblos sino porque Dios en Su gracia, amor y soberanía lo decidió.  También, porque Dios cumple las promesas del pacto hecha a sus padres (Abraham, Isaac y Jacob) y porque siendo Dios de justicia vio la opresión en que vivían liberándoles así del yugo egipcio.  El Señor les advierte que si prosperan no se les ocurra pensar que es por su propio esfuerzo, sino porque Él les da las fuerzas para adquirirla (8.17-18).  Esto es una advertencia a quitar de sus corazones el orgullo y la prepotencia manteniéndose humildes, a no olvidar el cuidado y la gracia de Dios y a mantenerse fiel.  Si no lo hacen, el Señor los desechará.

Los que amamos a Dios debemos tener una estima adecuada y entender que dependemos de Dios y Su bondad para todo.  Nuestro gran ejemplo lo es Jesucristo mismo que dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt11.29).  Jesucristo es nuestro ejemplo de humildad y mansedumbre.  De igual manera la Palabra de Dios aconseja a todo creyente a que: “no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Ro 12.3).  Como creyentes en Cristo somos hijos e hijas de Dios, pero esto no nos hace mejor que los demás, pues Dios ama a todo ser humano.  No permitamos que la soberbia nos arrope y separe del Señor. Vivamos agradecidos por Su bondad, reconozcamos nuestra dependencia de Él, seamos mansos de corazón y mantengámonos fieles a Él.

Oración

Padre eterno, Dios de toda bondad, gracias por Tu gran amor y las bendiciones recibidas de Ti.  Pon en nosotros un corazón humilde que esté consciente de que es por Tu gracia es que somos Tu pueblo.  Ayúdanos a mantenernos en fidelidad y servirte con amor.  En Jesucristo nuestro Señor, Te lo pedimos.  Amén.