19 de abril de 2017

Levítico 14

«Habló Jehová a Moisés y le dijo: Esta será la ley para el leproso cuando se limpie: Será presentado al sacerdote». Lv 14.1-2 (RV95)

 

Parte de la lectura de hoy relata el rito complejo de purificación a seguir por el sacerdote cuando una persona sanaba de alguna enfermedad de la piel o de lepra.  Era Dios quien sanaba y el sacerdote, como el intercesor y representante de Dios, realizaría el acto de purificación para que el enfermo, que había sido separado de la comunidad, volviese a ser parte de ella.

En el Nuevo Testamento, Lucas 17.12-19 relata la historia de diez leprosos, que por su enfermedad vivían separados de la comunidad y de su familia.  Ellos de lejos, claman a Jesús y le piden que tenga compasión y los sane.  Jesús les escucha y actúa, pero no como ellos querían en el momento, sino que les ordena ir al sacerdote para que realice el ritual de sanidad (Lv 14).  Sería un acto de fe y obediencia.  Ellos creen y así hacen; en el camino y sin llegar al sacerdote, son sanados.  Mientras nueve siguen camino al sacerdote (posiblemente eran todos judíos), uno no llega y regresa.  Era el que menos se esperaba (un samaritano), llega a dar gracias con rostro en tierra.  Éste tuvo el discernimiento de parte de Dios para entender que uno más grande que el sacerdote estaba allí, Jesús.  Ahora, este hombre podía regresar a su familia y su comunidad con la experiencia de haberse encontrado con Jesús que no rechaza sino que restaura, para en Su Nombre comenzar una nueva vida.

 

Oración

Dios, gracias por las oportunidades que nos das para comenzar de nuevo.  Que nuestra fe y obediencia a Ti no mengue; que podamos vivir en humildad reconociendo de que toda buena dádiva viene de Ti (Stg 1.17).  Amén.