2 de noviembre de 2017

Salmos 106

«Con todo, él miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor; Y se acordaba de su pacto con ellos, y se arrepentía conforme a la muchedumbre de sus misericordias».

Salmos 106.44-45 (RVR1960)

 

Con fuerza de alabanza a Dios en reconocimiento de su bondad, el salmista levanta una súplica ante el Eterno para que tenga de él memoria. 

En sus palabras iniciales hay certidumbre sobre la benevolencia y la salvación que viene de Dios para aquellos que reconocen su pecado, muestran arrepentimiento, se apartan del mal y abrazan la voluntad del Omnipotente. 

Por tal razón el salmista hace una recapitulación detallada del camino de desobediencia «de sus padres», quienes se rebajaron en su rebeldía y autosuficiencia para iniciar el camino del perdón que comienza con el reconocimiento del pecado: «Pecamos nosotros, como nuestros padres; hicimos iniquidad, hicimos impiedad». 

Un versículo tras otro sirven para describir el peso del pecado que nos separa de Dios: «No entendieron tus maravillas, no se acordaron de tus misericordias, se rebelaron, olvidaron sus obras, no esperaron su consejo, tentaron a Dios, se entregaron a un deseo desordenado, tuvieron envidia, cambiaron su gloria, murmuraron, no creyeron a su palabra, no oyeron su voz, provocaron la ira de Dios, sacrificaron sus hijos(as) a los demonios, se contaminaron, se prostituyeron, olvidaron al Dios de su salvación». 

Estableciendo un contraste de vida, en esos mismos versículos vemos el amor de Dios en acercamiento: Él los salvó, muchas veces los libró. Y en una muestra de amor insuperable, «con todo, él miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor; y se acordaba de su pacto con ellos, y se arrepentía conforme a la muchedumbre de sus misericordias». 

Ante la intensidad de su amor y misericordia no hay duda que un corazón humilde encuentra en Él la salvación. «Bendito Jehová Dios de Israel, desde la eternidad hasta la eternidad». Aleluya. 

Oración

Señor, venimos humildes ante tu presencia movidos por tu amor y misericordia, que nos liberan del peso y la distancia que propone el pecado, en búsqueda de tu salvación. En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. Amén.