28 de septiembre de 2016

1 Corintios 3

«Ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el universo, o la vida, o la muerte, o lo presente o lo por venir; todo es de ustedes, y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios» (1 Corintios 3.22-23 NVI).

En una de sus presentaciones, el fenecido Facundo Cabral, narra la historia de un zapatero al que Dios, en forma de mendigo, le abre los ojos para que se dé cuenta de que posee grandes riquezas.  El mendigo le ofrece mucho dinero para que entregue diferentes partes de su cuerpo.  Lógicamente, él las rechaza.  Así descubre la inmensa riqueza que posee.

A los corintios, Pablo les declara que no tienen que desear lo que tienen los líderes o cualquier otra persona de la iglesia (Recordemos que se habían formado grupos en torno a uno u otro líder).  Posiblemente eran atraídos por dones, estilos de hablar, predicar o alguna otra característica distintiva de esos líderes.  Lo que necesitaban, lo tenían por el hecho de pertenecer a Cristo, el Señor de todas las cosas.

En Cristo estamos completos.  Lo decimos, pero tenemos que repetírnoslo y creerlo.  Desde luego, no hablamos de riquezas materiales.  Hablamos de aquellas riquezas que nos alimentan verdaderamente, que no son pasajeras y no dependen de la economía ni de otras circunstancias sociales como las riquezas materiales.

Cristo, el Señor de todo, es nuestro dueño.  Por lo tanto, cuida, provee, sustenta, sobretodo, ama Su propiedad.  Tú y yo somos Su propiedad más valiosa.

Sal a la calle, aspira profundamente y sonríe a ti mismo y a los demás a tu paso.  Eres muy especial para Él.

 

Oración

Amado Señor, cuan hermosa e inspiradora es Tu Palabra.  Nos anima a amarte más y más y a seguir caminando tomados de la mano contigo.  Gracias por Tu inmenso amor.  Amén.

Autor: Luis Montañez