30 de enero 2017

1 Juan 2.29-3.10

Ninguno que sea hijo de Dios practica el pecado, porque tiene en sí mismo el germen de la vida de Dios y no puede seguir pecando porque es hijo de Dios. 1 Juan 3.9 (DHH)

Cuando escuchamos de gérmenes, pensamos en contaminación y enfermedad.  La ciencia nos da la información correcta de cómo mantener nuestro ambiente y entorno, libre de ellos.  Es práctica común y saludable hoy, tener un dispensador de una loción para matar bacterias y gérmenes a la salida de un cuarto de hospital.  Mientras más lejos de nosotros, mejor.

Esta versión de la Biblia nos da una visión distinta de la palabra germen… Juan establece que la semilla o germen de la Palabra de Dios en nosotros, hace posible que los que hemos abrazado la fe de Cristo nos mantengamos lejos de la contaminación que produce el pecado.  Es como decir, estamos “contaminados” con la Palabra de Dios…

Esa contaminación produce una sanidad del pecado.  Es decir, los que hemos decidido vivir siguiendo las instrucciones de las Escrituras, no nos deleitamos (no practicamos) el pecado.  Esa realidad nos hace escuchar el eco de las palabras del salmista: “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti”. (Salmo 119.11)

No es un secreto.  Es la fórmula dada por el mismo Jesús.  Nos instó a que estudiáramos y descubriéramos que la Palabra nos da el testimonio de lo que Él es y lo que Él hizo.

¿Cuán “contaminados” estamos con el germen de Su Palabra?  A mayor “contaminación”, mejor protegidos contra el pecado.  Te invito, “contaminemos” el mundo.

Oración

Padre santo, gracias por el acceso que tenemos a Tu Palabra.  Esa lámpara no se apaga y nos ilumina.  Queremos iluminar a otras personas con luz radiante.  En Jesús.  Amén.

Autor: Luis Montañez