9 de marzo de 2017

Génesis 21-22

«Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?  Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío». Génesis 22:7b-8a (RV1960)

 

La vida de Abraham discurrió entre grandes desafíos a su fe.  El llamado de Dios a su vida, conllevó que abandonara todo y en fe emprendiera un peregrinaje hacia una tierra desconocida.  Abraham, cree.  Además, Dios le prometió incontable descendencia a pesar de que no tenía hijos.  Él y su esposa Sara, ancianos ya, no veían posibilidad alguna para el cumplimiento de aquella promesa.  Rieron, pero a su tiempo Dios hizo posible lo que parecía imposible.

Ahora, Dios le pide que sacrifique a su único hijo, el hijo de la promesa, y lo ofrezca como ofrenda.  Para Abraham, este desafío debió haber sido el más difícil de su vida.  Isaac no solo era su único hijo amado.  Isaac era, además, en quien Abraham tenía cifradas sus esperanzas de ver el cumplimiento de las promesas y propósitos de Dios en su vida.

Abraham, cree nuevamente y emprende un nuevo peregrinar.  Esta vez, al monte a inmolar a su hijo.  De pronto, el silencio del camino es interrumpido por la inquietud del muchacho.  “Padre, ¿dónde está el cordero para el holocausto?”  En su poderosa respuesta, Abraham expresa toda su fe y confianza en Dios.  “Hijo, Dios se proveerá de cordero para el holocausto”.  El término aquí traducido como “proveerá”, quiere decir, además, ver o ser visto, hacerse presente, atender, considerar.  Abraham tenía la certeza de que como había dicho a su siervo, adoraría a Dios junto a su hijo y ambos regresarían sanos y salvos y en paz.  Estaba seguro de que el Dios en quien había creído y que le había provisto a su hijo, de igual manera se haría presente, atendería su necesidad y haría provisión para Su siervo.

¡Qué enseñanza tan poderosa acerca de la fe y la confianza en Dios!  Que no importa que las circunstancias sean adversas, cuando Dios tiene un plan, lo ejecuta, aunque no necesariamente de la manera en la que nosotros lo esperemos o entendamos.  Solo hay que creer, solo hay que esperar, solo hay que responder, solo hay que caminar, aunque todo parezca incierto.

¿Hoy Dios te llama?, responde.  ¿Te pide que hagas algo?, hazlo en fe.  ¿Reclama que entregues lo que más amas?, entrégalo.  Con seguridad, Él ha de hacerse presente no importa cuán difícil o imposible parezcan tus circunstancias, o lo que te haya prometido, y suplirá toda tu necesidad.

 

Oración

Señor, Te alabo por Tu grandeza y Tu poder.  Creo en Tu gracia y en Tu amor y tengo fe de que Te harás presente en cada encrucijada que pueda encontrar en el camino en el día de hoy.  Ayúdame, sostenme, recíbeme.  Heme aquí, Señor.  Amén.