13 de octubre de 2016

1 Corintios 13

 

“Hay tres cosas que son permanentes: la confianza en Dios (fe), la seguridad de que él cumplirá sus promesas (esperanza), y el amor.  De estas tres, la más importante es el amor”. (1 Corintios 13.13 TLA)

 

Recuerdo el ayer de la pizza de Woolworth y el icee de cola.  De mis ganas por ver y pasar el rato en La Juguetería.  De comprar los Hot Wheels y Matchbox en Farmacias Moscoso.  Recuerdo las vitrinas de González Padín en las navidades.  El Calzado Kinney, comprar las mochilas Back Pack para la escuela.  En la New York Department Store, dar vueltas y vueltas por toda la tienda.  De ver a papi echar gasolina en Texaco y con mami comprar en Valú de Santa Rosa, la ropa pa’ la iglesia.

Cada lugar ya no es lo que era.  Con otros nombres y apellidos, venden lo que ofrecen con la única certeza de que algún día ellos también dejarán de ser y otros serán por ellos.  Es evidente, nada es permanente, nada es para siempre.  Solo permanece lo que es eterno en esencia y formas.

El apóstol Pablo confronta la incertidumbre con la certeza.  Lo incierto con lo verdadero.  Lo fugaz con lo importante.  Lo trivial con la sustancia.  La réplica con el original.  Lo que fue con lo que siempre será.  “Yo por mi parte, voy a enseñarles algo más importante”.  Su esfuerzo de pedagogía suprema se asienta sobre la ausencia de lo necesario.  “Si no tengo amor…”.  La presencia del amor que nos recuerda la exclamación de Dios en el Principio: “¡Quiero que haya luz!”  ¡Y al instante hubo luz!

La cosa no termina en la presentación de la ausencia, sino en la presencia de lo que es Dios: Amor que convoca el amar.  Amar, que es paciencia y amabilidad.  Que resiste la envidia, la grandeza y el orgullo.  Amar que rechaza lo grosero, el egoísmo y el enojo.  Que no vive atrapado en el recuerdo de lo despreciable y se esfuerza en todo y por todo.  Entre todo lo que surge y luego perece “solo el amor vive para siempre”.

El Eterno nos llama a eternidad y nos invita a hacernos de aquello que siempre nos acompañará.  Solo podrá acompañarnos aquello que es permanente.  “Hay tres cosas que son permanentes: la confianza en Dios, la seguridad de que él cumplirá Sus promesas, y el amor.  De estas tres cosas…” hay una que se levanta sobre las demás para hacernos uno con Dios, el yo, el nosotros y todo lo creado, “el mayor de ellos”, “el más importante” el Amor.

 

Oración

Dios de la eternidad.  Queremos ser Tu voluntad de luz en medio de las tinieblas de la envidia, el orgullo, la corrupción, opresión y muerte.  Ser la respuesta inmediata de Tus labios.  Luz de amor sin cesar hasta la eternidad.  En el nombre de Aquel que es camino, verdad y vida.  Amén.