4 de mayo de 2017

Números 13-14

«Sí Jehová se agradare de nosotros, Él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel». Números 14.8 (RVR1960)

 

Jehová habló a Moisés con intención de hacer una selección de príncipes o jefes, que en representación del pueblo hicieran un reconocimiento de «la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel».  Desde su salida de Egipto, ¡cuántos pasos en peregrinación hacia la promesa!  Pero todavía faltaba un trecho por recorrer.  Llegó el momento de ver con sus ojos lo que había recreado su imaginario.  El pueblo tenía consigo la promesa de Dios: «sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes».  Pero se ampararon en la «cautela» y propusieron «enviemos varones delante de nosotros que nos reconozcan la tierra».

Así pues, lo expresado en Números capítulo 13 y Deuteronomio capítulo 1 nos sirven para entender detalles previos al reconocimiento de la tierra de la promesa.  Los enviados en representación del pueblo «subieron, y reconocieron la tierra».  Cortaron de sus frutos y los llevaron como evidencia.  A su debido tiempo presentaron su informe al pueblo diciendo: «Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella».  Hasta ahí todo parecía bien hasta que hizo presencia el «más» o el «pero».

Cuántas veces no hemos escuchado la voz de Dios en promesa a nuestra vida y solo a pasos de obtenerla, nos hemos detenido porque, aunque hayamos cortado de su fruto, nos sobrecoge el temor representado en todo aquello para lo cual siempre encontramos una excusa.  Las promesas y los propósitos solo pueden ser alcanzados cuando hemos sabido valorar cada paso en el camino.  El pueblo de Israel fue liberado de Egipto con opción de promesa.  Pero en reiteradas ocasiones rechazó la promesa por opción de cautiverio.  Dieron muchos pasos a través del desierto, pero fue muy poco lo que adelantaron.

Solo los que dan valor al camino son liberados parar ver lo que Dios ha prometido.  Mientras la realidad desanima la voluntad, la fe que se forja en nuestra relación con el Dios vivo, nos mueve a marchar con esperanza y a decir: «Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.  Si Jehová se agradare de nosotros, Él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel».

Oración

Señor, ante realidades que nos agotan Tú propones promesas que animan nuestros pasos.  Danos la fuerza para recorrer el trecho que nos falta para acortar la distancia entre la separación y la reconciliación.  Entre el desánimo y el compromiso.  Entre la indiferencia y el amor.  Queremos hacer nuestra Tu promesa de tierra fértil en donde es posible cosechar relaciones que den gloria a Tu Nombre.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo el Señor.  Amén.