27 de noviembre de 2016

Colosenses 1.1-20

y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder.  Así perseverarán con paciencia en toda situación. (Colosenses 1.11 NVI)

 

Mi abuela materna, una anciana que murió muy cerca de los 102 años, me decía: “nene, yo siempre oro por ti”.  Esa es una declaración poderosa que extraño.

Siempre hay alguien orando por ti.  Saber eso es revolucionario.  Ocurre porque somos cuerpo y nos cuidamos para que ese cuerpo se mantenga saludable.  Es realmente una experiencia hermosa.

El apóstol Pablo oraba y daba gracias por la iglesia de Colosas con mucha alegría, porque era una iglesia creciente y pujante.  En su oración a Dios pide fortaleza y paciencia para sus hermanos.

Esos dos elementos son imprescindibles en la vida cristiana.  Nos enfrentamos a situaciones complejas, muy difíciles, en las cuales podemos sentirnos desfallecidos.  Algunas situaciones duran más tiempo del que quisiéramos y la impaciencia toca fuertemente a nuestra puerta.  Todo a nuestro alrededor está hecho para que ocurra rápidamente.  Cuando no se obtiene la solución rápida que esperamos, nos desesperamos.  Y el desespero nos desestabiliza y nos torna débiles.

Cuan bueno es sabernos parte de la iglesia en la cual el brazo de la oración de mi hermana me levanta y me sostiene.  El cuidado de Dios me fortalece y me anima a seguir porque no estoy solo.  Él está conmigo como lo ha prometido, pero también la iglesia, Su cuerpo, me apoya como báculo espiritual.

Si te sientes desfallecer e impaciente, no te alejes de la iglesia.  No te alejes del grupo pequeño con el cual compartes frecuentemente.  Al contrario, comparte con ellos tu dolor para que se active la oración poderosa, para que seas fortalecido y venzas en la victoria de la paciencia.

¿Por quién puedes orar hoy para que sea fortalecido?

 

Oración

Señor, gracias por la iglesia que me cuida en oración.  Pon en mi mente el nombre de otras personas por las que debo orar.  Amén.

Autor: Luis Montañez