12 de noviembre de 2016

Efesios 1.1-14

 

“Demos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo por las bendiciones espirituales que Cristo nos trajo del cielo.  Desde antes de crear el mundo Dios nos eligió, por medio de Cristo para que fuéramos solo de él y viviéramos sin pecado”. (Efesios 1.3-4 TLA)

 

—¿A dónde vamos?

—No pregunten, solo vístanse y por favor, dense prisa que estamos tarde.

—Pero por favor díganos.

—Ya les dijimos que no pregunten más, y por amor a Dios, hagan caso.  Hoy más que nunca le pedimos por favor, hagan caso.

Pasados algunos minutos se escuchó: “¿Ya están ready?”.  Y de inmediato respondimos: “Sí”.  “Bueno pues, vamos a montarnos todos en la guagua”.  Papá y mamá se miraron, y con un silencio conspirador, se aseguraron del “click” de nuestros cinturones de seguridad y de inmediato salimos hacia el lugar insospechado.  En el camino, insistimos una y otra vez con la misma pregunta, pero solo conseguimos un “tengan paciencia, a su tiempo ya verán”.

Luego de algún tiempo, mami dijo “estamos llegando”.  Los aviones delataron el lugar y ¡al fin! el porqué de nuestra presencia fue develado por nuestros padres.  “Hemos venido a buscar a los abuelos que vienen a pasar un tiempo con nosotros”.  ¡Qué sorpresa!  Hasta ese momento solo le habíamos escuchado a través del teléfono y visto en algunas fotos.

Ya estacionados, caminamos a prisa hacia el encuentro.  Allí estaban ellos, acompañados de algunas maletas, bolsos y cantidad de paquetes.  Al vernos, corrieron hacia nosotros, y de inmediato ejercieron sus oficios de abuelos.  “¡Que grandes están!”, “son igualitos”, y entre besos, apretones y abrazos se hizo sentir la familia en frente de ojos extraños.

Así fue la primera vez y no muy diferentes fueron las demás.  Siempre de sorpresa, aunque con el pasar del tiempo podíamos anticiparlo.  Nunca cesaron de ejercer sus oficios, ciertamente más despacio con el transcurrir de los años, pero igual los besos, apretones y abrazos.  Con el tiempo descubrimos el misterio de los bolsos y el olor de los paquetes; sofrito, gandules frescos y las yuntas de pasteles.

Además de lo anterior, nunca faltaron nuestros muy bien anhelados regalos.  A penas leíamos la nota y hacíamos un desastre de la envoltura.  Con el pasar de los años y el brotar de la conciencia, los regalos vinieron a ser menos importantes que la grandeza del gesto de amor de los abuelos, el verdadero regalo: saber que desde antes habitamos en su pensamiento, “desde antes de crear el mundo, Dios nos eligió por medio de Cristo”.

Hoy y siempre “damos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” por ese amor de nuestros abuelos, que fue desde antes, que superaba el tiempo del encuentro, y que hoy, en su ausencia, vive plenamente entre nosotros.  Ese amor es parte de “las bendiciones espirituales que Cristo nos trajo desde el cielo”.

Oración

Dios, en lo insondable de Tus grandezas creas espacios de encuentro y presencia que son provisión de tu amor a nuestra vida.  ¡Vivimos en Tu pensamiento desde la eternidad hasta la eternidad!  En Cristo somos elegidos para ser ofrendas de olor grato y vivir en santidad.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida.  Jesucristo el Señor.  ¡Amén!

Autor: David Cortés