13 de junio de 2017

Jueces 5-6

«Y los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fortificados.  Pues sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; subían y los atacaban.  Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos».  Jueces 6.2b-4 (RV1960)

 

Los madianitas se habían unido a otros pueblos opresores y, convirtiéndose en una temida amenaza, acechaban al pueblo de Dios.  Este era un enemigo aplastante, devastador y poderoso, que atacó áreas sensibles de la vida de Israel.  “Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos” (vv. 4).  Así que, el pueblo estaba totalmente empobrecido.

El temor era tal, que buscaron seguridad en cuevas, cavernas y lugares fortificados.  Israel era una nación a la que antes todos temían por su poderío y a la cual le había sido entregada su heredad.  Su llamado era a ser punta de lanza, vivir sin temor y ser luz a las demás naciones.  Así que, los lugares en los que se encontraban, aunque pudieran parecerle seguros, no eran acorde con el plan de Dios para ellos.  ¡De ninguna manera pertenecían al hambre, la oscuridad y el temor!  …pero su desobediencia los había llevado allí.

En medio de su situación, Dios reclama por su desobediencia, pero como muestra de Su fidelidad, suple un libertador.  Gedeón, obedeciendo a la Palabra de Dios, se dio a la encomienda de libertar al pueblo de la opresión de los madianitas.

Es posible que en el día de hoy te encuentres viviendo encerrado en la oscuridad, la soledad y el dolor.  Quizás huyes de ti mismo o de alguna circunstancia difícil.  ¿Qué te ha llevado a tal situación?  El temor, las heridas, las pérdidas, el dolor, el pasado y la desesperanza, suelen quebrantarnos, desesperarnos y atemorizarnos, pero hay esperanza.

Hoy, con amor y en el nombre del Señor, te digo: no fuiste creado para vivir en oscuridad, en tristeza y en dolor.  Ese no es el plan de Dios para tu vida.  Y no importa qué circunstancia sea la que te aprese, Dios tiene la capacidad de abrir puertas, suplir y ofrecerte una nueva esperanza.  Si lo hizo por el pueblo de Israel tantas y tantas veces, puedes confiar en que lo hará por ti en el día de hoy.

Oración

Dios de las oportunidades y la provisión, bendito sea Tu nombre para siempre.  En el día de hoy, te pido que abras mis prisiones.  Arranca de mi corazón el temor y la desesperanza y suple la necesidad de mi alma.  Ubícame en Tu voluntad y cumple Tus propósitos eternos en mi vida.  Te entrego todo.  Amén.