Necesitamos de Dios para preservar la vida

Salmos 41-45

 

«1Cual siervo jadeante busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.  2Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios?»   Salmo 42.1-2 (NVI)

 

El salmista, posiblemente por alguna razón particular, está lejos del Templo y no puede congregarse ni participar de la vida cultica y las festividades que se celebran en el mismo.  Esta sensación de distanciamiento de Dios puede entenderse desde de la teología del pueblo de Israel que afirmaba que Dios habitaba en el Templo.  En ese sentido, estar distante de la Casa de Dios era privarse de ese espacio de contemplación, de presencia, de comunión con el Dios vivo que tiene poder para impartir vida.  En ese sentido, la distancia representa una separación de la fuerza divina activa que puede sustentarlo y suplir sus necesidades espirituales plenamente.  Siente que muere y languidece porque todo su ser, su vida entera necesita estar en contacto con su Dios.  Su sensación de amenaza de muerte, estando ausente de la presencia de Dios, la compara con un ciervo sediento que necesita agua para lograr una vida saludable, refrescante y balanceada.  Desde nuestra perspectiva teológica, Dios está en todo lugar y no hay distancia entre Dios y Su creación.  Cristo en la cruz nos reconcilió con Dios y ahora Él es el puente que nos conduce a la Gracia de Dios.  En consecuencia, Dios siempre está accesible en Jesucristo.  Nos toca buscar Su presencia con vehemencia porque es quien único nos da vida.  Solo él nos ayuda a encontrar salud en todas las dimensiones de nuestro ser y a vivir de manera balanceada.  La distancia nos mata y seca espiritualmente, pero la cercanía nos nutre y da vida.

Oración

Señor, que el anhelo más grande de la vida sea estar en Tu presencia porque nos da vida y nos ayuda a encontrar el camino de la salud y el bienestar que ofreces.  Ayúdanos a discernir y a no permitir que ningún afán de este mundo nos separe de la comunión contigo.  Amén.