7 de mayo de 2017

Números 18-21.8

«Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo». Números 21.7 (RVR1960)

 

Pasa el tiempo y al parecer hay cosas que no cambian.  Desánimo, murmuración y queja, eran los eslabones de una gran cadena que aprisionaba con fuerza el ánimo de un pueblo.  Los esclavos del pasado nuevamente rechazaban su nueva condición y oportunidad de liberación.  Insistían una y otra vez en idealizar el ayer de privación y muerte, amparados en un obstinado esfuerzo de resaltar las bondades de un pasado falso e inexistente.

Los que hablaron en contra de Dios y Moisés sufrieron en justicia la retribución de su osadía.  En esta ocasión «Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo».  La desolación y la muerte vinieron a hacer estancia entre todos ellos, pero el Espíritu de Dios, que nos convence de pecado, reorientó al pueblo en precisión de conciencia y determinación de pisadas y «vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti».

El arrepentimiento y la confesión desató la misericordia.  «Y Moisés oró por el pueblo» que habló en su contra, y lo hizo con amor y esperanza de perdón.  La respuesta de Jehová no se hizo esperar en instrucción y promesa: «Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá».  El salmista dijo: «Porque por un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida.  Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría».

Más allá de librarlos de las serpientes y su mordida, Dios articuló una oportunidad de salvación para Su pueblo.  Ante la amenaza de muerte, la instrucción divina proponía poner la mirada sobre la serpiente erguida sobre la asta.  El símbolo se hizo profecía de vida, tal como comparte el evangelio de Juan: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna».  El símbolo fue sobre una asta y el primogénito de Dios sobre la cruz del Calvario.

En nuevos tiempos, la añoranza de un pasado idealizado nos puede llevar a maldecir a Dios y a los Suyos.  Hacer esto solo puede exponernos a mordidas de muerte.  Hay que discernir entre lo que es y lo que no es.  Entre lo que fue y a lo que hemos sido convocados.  En el camino solo estamos seguros cuando en certidumbre de esperanza levantamos nuestra mirada hacia Aquel que se levantó glorioso sobre la cruz y ascendió majestuoso al cielo, con misión y promesa de salvación.

Oración

Señor, entre el enojo y el crujir de dientes, Esteban lleno del Espíritu Santo alzó su mirada y vio Tu gloria.  Espíritu de Dios, en medio del desafío, ayúdanos a levantar nuestra mirada, en vez de acomodarnos en la añoranza de lo que nunca fue.  Porque solo mirando hacia arriba podremos seguir hacia adelante.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo el Señor.  Amén.