12 de enero de 2017

Santiago 1.1-18

«Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud». (Santiago 1.1 RVR1960)

 

«A los boricuas que están ausentes, es para ustedes esta canción. Porque no hay duda que ustedes quieren, a su Borinquen de corazón». A ritmo de plena, el maestro César Concepción compuso el tema «A los boricuas ausentes». Con la nota musical envió un mensaje a los boricuas de la banda allá, «esos sí que son borinqueños». Y con igual fuerza musical se expresó sobre los de la banda acá, «que son, de veras, puertorriqueños». Sin hacer distinciones entre unos y otros en cuanto a su puertorriqueñidad, plasmó en el pentagrama el valor de aquellos que fueron dispersados de entre nosotros desde mediados de la pasada centuria.

La diáspora puertorriqueña hunde sus razones, entre otras cosas, en la necesidad. Una vez alguien precisó esa necesidad en «hambre, desilusión y miseria». Con una expresión teñida por el dolor y la esperanza, se cuentan en millares los que con voz entre cortada han dicho «me voy pa’ fuera». Ese salir ha sido parte de nuestra historia reciente y aunque por algunas décadas disminuyó significativamente, sabemos de primera mano que la frase «me tengo que embarcar» ha sido remplazada por escenas de despedidas dolorosas con boletos de ida sin fecha de vuelta.

Los destinatarios de «Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo», son identificados desde el inicio de la epístola como «las doce tribus que están en la dispersión». De otra manera, comunidades judías convertidas al cristianismo «que están en la dispersión». Hay quienes precisan el incremento de esta diáspora en el martirio de Esteban y la persecución de Herodes Agripa. Sobre esto, Josefo el historiador añade: «Ahora estos judíos han emigrado a todas las ciudades, y es difícil encontrar un lugar en el mundo habitado que no haya admitido a este grupo de personas».

¡A los judíos que están ausentes, Dios les habla y Santiago les escribe! Les anima al gozo «cuando halléis en diversas pruebas». A inquirir de Dios sabiduría, «sí alguno de vosotros se ve falto». Él promete dar sabiduría «a todos, abundantemente y sin reproche». ¡A los que se perciben a la distancia, Dios se hace cercano a través de su Palabra! Como hizo Dios a través de Santiago a favor de los judíos en la diáspora, hoy es un buen día para acercarnos «a esos boricuas que están ausentes» y decirles que «vivirán siempre en mi corazón… esos boricuas tienen bandera, esa bandera es su corazón».

Hoy es un buen día para mirar a nuestro alrededor y acercarnos en amor a aquellos hermanos de otras nacionalidades que viven su diáspora entre nosotros. Miremos hoy a la distancia, más allá de nuestro horizonte y hagamos nuestro el dolor de aquellos que sufren una cruda realidad que obliga más allá del «hambre, la desilusión y la miseria». De aquellos miles que escapan por su vida y que, en muchas ocasiones, buscando preservarla, mueren en el intento. ¡Hoy es un buen día para mirar más allá!

 

Oración

Señor, ayúdanos a afirmar nuestra identidad en Ti. «Somos uno en Cristo, somos uno, somos uno, uno solo». No importa cuál sea nuestra procedencia, estemos aquí o allá, que siempre encontremos en Ti, «El fiel consolador». Que seamos sensibles y amplios en amor hacia aquellas comunidades dispersadas por el terror. En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida, Jesucristo el Señor. Amén.

Autor: David Cortés