Salmos 36-37

«1No te irrites a causa de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias; 2porque pronto se marchitarán, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto.»  Salmo  37.1-2 (NVI)

 

Este salmo trata de responder una pregunta teológica que ha trascendido los tiempos; ¿Por qué prosperan los malvados mientras los justos y piadosos sufren desgracias?  Es una tentación para el justo ver y desear la prosperidad y el éxito aparente de los que practican el mal, mientras su situación no mejora.  Me atrevo a afirmar que la prosperidad del malvado proviene de engaños, codicia, injusticia social y desigualdad en la distribución de los bienes que le pertenecen a Dios, y ellos los tratan como si le pertenecieran.  Los procesos de injustica son dolorosos y cancelan la posibilidad de vivir en paz, porque no puede haber paz donde se practica la injusticia.  En este tiempo que confrontamos la doble vara con la que se toman decisiones para solucionar en apariencia la crisis fiscal, la inmensa mayoría de clase media baja y pobre viven en angustia sintiendo una opresión desmedida sobre sus bolsillos y seguridades.  Con la doble vara no se toman acciones que afecten los salarios e intereses de grupos y ejecutivos privilegiados.  Hay un desbalance que produce la injusticia que no agrada a Dios.  La Palabra nos da una afirmación de sabiduría que dice que pronto se van a marchitar como ocurre con la yerba que se corta, y se secarán como ocurre con el verdor del pasto.  El mal no se impone para siempre.  Hay un Dios que da una promesa de salvación y justicia permanente, y a fin de cuantas nos dará la tierra por heredad, mientras los malvados se acaban y perecen por su existencia vana y estéril.

Oración

Señor, ayúdame a no desear la prosperidad que viene como resultado de practicar la iniquidad y tomar ventaja de los menos afortunados.  Ayúdame a seleccionar el camino de la justicia porque en ello hay recompensa permanente.  Amén.