24 de marzo de 2017

Génesis 48-50

«3 y dijo a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo,4 y me dijo: He aquí yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones; y daré esta tierra a tu descendencia después de ti por heredad perpetua.  Génesis 48.3-4 (RVR60)

En el Antiguo Testamento, Israel es conocido como el pueblo de Dios mediante el pacto con Abraham y su descendencia.  Esta relación entre Dios e Israel tiene un componente integral, llamado obediencia.  Obedecer la voz de Dios implica más que seguir las leyes dadas, es una manera de mostrar confianza en la Palabra que Dios habla, en todo momento y lugar.  La Palabra de Dios se volvió el lugar de encuentro entre Dios e Israel.

José llevó a sus hijos ante la presencia de su padre para ser bendecidos, como era la costumbre.  En ese momento, José no sabía que Dios transformaría un evento significativo para él, en uno extraordinario para toda una nación.  En aquellas palabras que salían de los labios de Israel, afirmaba la promesa de Dios dada a sus padres.  Ahora Israel se convertiría en una comunidad que manifestaría Su fidelidad a Dios en la dependencia a Su Palabra.

Hoy, nosotros, de igual manera, debemos afirmar las promesas de Dios en nuestras vidas.  Que no nos quede la menor duda, ¡nuestras familias le pertenecen a Dios!  Las promesas de Dios nunca se harán nulas y sin valor en lo que concierne a Dios.  Lo que Dios promete a nuestras familias dura para siempre, sin embargo, es necesario mostrar confianza en Su Palabra, como si el mundo dependiera de ello.

 

Oración

Buen Dios, Te agradecemos por las promesas que haces a nuestras familias y por guardar Tu pacto con nosotros.  Te pedimos que nos ayudes a confiar en Tu Palabra y que ella nos inspire a vivir con Fe.  Confiamos en el cumplimiento de Tus promesas, aunque nuestros no lo puedan ver.  Recibe toda la gloria y honor, en el Nombre de Jesucristo.  Amén.

Autor: Luis Felipe Ramos