12 de junio de 2017

Jueces 3-4

«Barac le respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré. Ella dijo: Iré contigo; mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer venderá Jehová a Sísara».  Jueces 4.8-9a (RV1960)

Las circunstancias ante las cuales se encontraba el pueblo de Israel eran difíciles.  Sísara le oprimía con su poderoso ejército de novecientos carros de hierro y el pueblo de Dios se encontraba impotente.  Un ejército con tal poder destructor, daba a cualquier reino una superioridad militar insuperable, así que la liberación de Israel, parecía imposible.

Dios siempre ha tenido especial interés por lo imposible.  Es Su especialidad.  Él tenía un plan trazado para aliviar la situación de Israel y, lo comunica a Barac por medio de su vocera, Débora.  Esta audaz mujer, además de ser profetisa, era la gobernante de Israel.

El llamado de Dios a Barac era retante, pero esperanzador, una victoria segura.  Sin embargo, él trata de manipular a Débora poniéndole condiciones no a ella, sino a Dios mismo, para aceptar el llamado.  Tal actitud costó a Barac el honor de haber sido el libertador del pueblo de Israel de manos de Sísara, recibiéndolo Jael, una mujer.  Eso era terrible, pues no correspondía a una mujer tal hazaña, sino a un hombre.  Como Débora le había advertido, Dios libertó al pueblo, pero Barac pagó las consecuencias con la deshonra.

Cuando Dios nos llama a realizar alguna tarea, muchas pueden ser nuestras respuestas.  Temor, incertidumbre, incapacidad, insuficiencia, indisposición…  Siempre debemos considerar un privilegio el hecho de que Dios nos dé la oportunidad de poder ser instrumentos en Sus manos.  Él siempre capacita a aquellos que llama y suple todo lo que hace falta para que Su propósito sea cumplido.  Así que, debemos aceptar Su llamado con gozo, con entrega, con temor y temblor, pero sobre todo con humildad y disposición de corazón.

Si Dios te llama a realizar una tarea que parece inconcebible, o imposible, entrégate sin reservas y verás Su gloria.  No hacerlo, siempre acarreará consecuencias nefastas para tu vida.  Responde: “Heme aquí, Señor” y deja lo demás en Sus manos.  Recuerda que para Dios no hay nada imposible.  Lo que ha prometido, Él lo hará.

Oración

Te damos gracias en este día, mi Señor, por tenernos en Tu memoria.  Somos inmerecedores de Tu llamado, pero te queremos servir.  En Tus manos ponemos nuestras vidas y circunstancias, sabiendo que en ellas Tú has de obrar.  Capacítanos y úsanos para Tu gloria.  Amén.