2 de septiembre de 2017

2 Crónicas 30-31

 

«Desde la época de Salomón hijo de David, rey de Israel, no se había celebrado en Jerusalén una fiesta tan alegre. Después los sacerdotes y los levitas se pusieron de pie y bendijeron al pueblo, y el Señor los escuchó; su oración llegó hasta el cielo, el santo lugar donde Dios habita». 2 Crónicas 30. 26-27 (NVI)

 

Ezequías, hijo del rey Acaz, se apartó del camino de rebelión por el cual transitó su padre.  «En el mes primero del primer año de su reinado, Ezequías mandó que se abrieran las puertas del templo del Señor, y las reparó».  Con una actitud de contraste, el nuevo rey se hizo siervo del Altísimo para bendición del pueblo.

Entre todo el haber de Ezequías, destaca la convocatoria que hizo al pueblo para que acudieran al templo del Señor en Jerusalén a celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel.  Pero igual es importante destacar, que tal convocatoria se hizo en concierto con el resto del liderato del pueblo y, a su vez, que la celebración fue programada en una fecha distinta «porque muchos de los sacerdotes aún no se habían purificado».

Toda invitación para celebrar y hacer memoria de lo que Dios ha hecho en medio de Su pueblo comienza con la disposición honesta de los que están ubicados en oportunidad de servicio.  Es responsabilidad de todos ser portavoces de la invitación que hace el Señor.  En el camino experimentaremos el dolor y la tristeza por aquellos que responden con risas y burla, pero insistamos en amor porque hay quienes responderán con corazones humildes y orientarán sus pasos hacia la paz con Dios.

Con una nota rebosante de alegría continúa el desarrollo de la narrativa.  La celebración fue tal que «toda la asamblea acordó prolongar la fiesta siete días más» y «Ezequías, rey de Judá, le obsequió a la asamblea» lo necesario y más para que así fuera.  Al final del capítulo sucede lo que ocurre cuando los que viven el privilegio del servicio actúan para bendición del pueblo, «el Señor los escuchó; su oración llegó hasta el cielo, el santo lugar donde Dios habita».  ¡A Él sea la gloria!

Oración

Señor, servir es un privilegio que asumimos en humildad, con disposición y con el compromiso invertido en todos aquellos que están a nuestro cuidado. Sobre todo, Tú eres Dios.  En el Nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo el Señor.  Amén.