20 de diciembre de 2016

2 Timoteo 3

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3.16-17 RV 1960)

 

Se dice que cuando Martín Lutero era estudiante, estaba en la biblioteca de su universidad, cuando tropezó con un extraño libro que llamó mucho su atención.  Era un ejemplar de la Biblia en Latín.  Éste se asombró muchísimo, porque siempre había creído que la Biblia estaba compuesta solamente por los fragmentos que se leían en las reuniones de la iglesia a la cual él pertenecía.

Su interés por las Sagradas Escrituras fue creciendo tanto, que llegó a expresar que, para él, la riqueza más grande y anhelada era poder poseer una Biblia.  Poco después entró en un monasterio de frailes agustinos y el Vicario General le regaló una Biblia, que estudió con gran cuidado.  El estudiar la Biblia causó un impacto grande en la vida de Lutero y facilitó el camino para su propia iluminación espiritual y para el gran trabajo de reformación que él emprendió.

Esto demuestra el efecto que produce la lectura de la Palabra de Dios en el corazón del ser humano.  La Palabra de Dios no es palabra muerta, no es un simple libro, es palabra viva y eficaz que transforma el alma.  Fue escrita, como comunica Pablo a su discípulo Timoteo, para instruir, corregir, redargüir.  Hay tal riqueza y poder en la Palabra de Dios, que no importa cuántas veces leamos el mismo pasaje, siempre habla a nuestro corazón con un mensaje pertinente y propicio a nuestra necesidad.

En los últimos tiempos mucho se ha dicho acerca de que la Biblia es simplemente una obra más de la literatura, un libro más.  Tú y yo sabemos que no es así, pues son incontables las veces en las que nos hemos acercado a ella llenos de duda, pecado, desasosiego, desánimo, tristeza, soledad, desesperación y mil carencias y siempre hemos encontrado en ella la voz de Dios, que ha sido alimento a nuestra alma.

Tal poder, tal grandeza, es posible por la intervención del Espíritu Santo como inspirador y conductor en el proceso de redacción de las Escrituras y porque la Biblia es la Palabra de Dios.  Procuremos siempre atesorarla, escudriñarla, amarla y compartirla.

 

Oración

Dios de misericordia, gracias por revelarte a nosotros a través de Tu hijo Jesucristo y de Tu Palabra.  Ayúdanos a siempre vivirla, de tal forma que otros puedan conocerte.  Amén.

Autor: Migdalis Acevedo