1 de noviembre de 2016

2 Corintios 11.16-33

 

Si hay que alabarse, me gloriaré de las ocasiones en las que me sentí débil. (2 Corintios 11.30 BL95)

Algunas personas crecemos escuchando expresiones como: “Tienes que ser fuerte porque los débiles no alcanzan nada”, “el éxito es solo para los fuertes”, “si eres débil se aprovecharán de ti”, “las mujeres son débiles y los hombres fuertes”.

Entonces, parece extraño o contrario lo que el apóstol Pablo nos plantea en el texto, gloriarse en las debilidades…  Pero, si las debilidades nos lastiman, avergüenzan y oprimen.  Eso es lo que en ocasiones hemos escuchado y creído.

Un significado común para debilidad es la falta de fuerza para alcanzar un objetivo.  Muchas veces la debilidad se expresa en un sentimiento de impotencia ante las dificultades.  Sin embargo, la debilidad, en la perspectiva de Dios, puede ser una oportunidad para ver Su poder manifestado.  La debilidad nos conduce al poder de Dios y a depender de Él.  Todo esfuerzo que se gestiona y se cumple en el poder de Dios, nos hace fuertes, efectivos y tiene valor perdurable.

No es pecado experimentar debilidad.  Tampoco, es una excusa para la mediocridad ni el estancamiento.  A veces, Dios tomará la debilidad más grande para transformarla, pero en otras otorgará fortaleza para aceptarla y enfrentarla.

Pablo aceptó y resaltó sus debilidades.  Pero, ¿cuán difícil puede ser reconocer las nuestras?  Los seres humanos tenemos fallas, dudas, temores y frustraciones.  En ocasiones, debemos dejar de pretender que tenemos todo bajo control.  A Dios no le impresiona la autosuficiencia.  Le agrada que seamos humildes y lo reconozcamos en todo.

En la vida cristiana, sentir debilidad no avergüenza.  No veamos las debilidades como un accidente.  Dios, deliberadamente, las permitió en nuestra vida con el propósito de demostrar Su poder.

¿Fuerte o débil?  Cuando soy débil puedo ver cuán fuerte es Dios.  Si te sientes débil, recuerda que dependes de la fortaleza de Dios.  Y cuando te sientas fuerte, recuerda que la fuente de tu fuerza es Dios.

Oración

 Señor, gracias por amarnos con nuestras debilidades y fortalezas.  Tú eres nuestra esperanza.  Te pedimos que Tu Espíritu Santo nos fortalezca.  Capacítanos para afrontar con sabiduría las dificultades que atravesamos.  Por favor, glorifícate en cada escenario de nuestra vida.  Amén.

Autor: Gina Marrero