4 de noviembre de 2017

Salmos 109-113

 

¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar
en el cielo y en la tierra? Él levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar, para hacerlos sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo. Salmos 113.5-8 (RVR1960)

 

El salmo 113 es parte de un grupo de salmos (113-118) conocido como el Hal-lel (mismo vocablo de Aleluya). Es uno de los cánticos que formaba parte de las fiestas principales de los hebreos tales como: La Pascua, Pentecostés, Los Tabernáculos. De acuerdo a los estudiosos del texto, es muy probable que Jesús lo haya entonado junto a sus discípulos en la celebración de La Pascua antes de su crucifixión. 

Como en otros salmos, inicia con una convocatoria a la alabanza: «Alabad, siervos de Jehová,
alabad el nombre de Jehová. Sea el nombre de Jehová bendito desde ahora y para siempre». 

Ahora bien, meditemos por un momento en algunas de las razones para esa alabanza. Este salmo nos obsequia una variedad de imágenes de contraste que manifiestan de forma asombrosa el amor de Dios que se configura en su afirmación de establecer una relación con el ser humano. 

De un lado, Dios. Del otro, el ser humano. De un lado, la deidad. Del otro, la fragilidad humana. De un lado, el santo. Del otro, el pecador. De un lado, el que habita en las alturas. Del otro lado, el que habita en el polvo y en el muladar. De un lado, el Grande. Del otro lado, el pequeño, el pobre y el menesteroso. 

La distancia entre ambos se hace nula y esto solo por Su amor. ¡Amor que mueve, que fija su mirada, que levanta y restaura la vida! Amor que resiste la ambición del poder, el orgullo, la transacción de relaciones, el aislamiento, la indiferencia. El llamado salmo de los pobres es una celebración de los bienaventurados en Dios. 

La imagen del Dios cercano en el salmo encuentra su plenitud en la encarnación de Dios en Jesucristo. Como afirma el evangelio, todo por amor… «De tal manera amó Dios». Ese amor nos alcanzó y en palabras de Festugiere, se constituyó en un «fenómeno extraordinario: el hombre creyó que Dios le amaba». Y le llama a esa gran verdad: «la revolución más considerable de la humanidad». Los niños dicen lo mismo de manera diferente y con notas musicales: «Yo tengo un amigo que me ama… su nombre es Jesús». 

Oración

Señor, ¿quién cómo Tú? Que desde la distancia te hiciste cercano, presente, nuestro y de todos. ¡Nos amas! En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. Amén.