13 de noviembre de 2016

Efesios 1.15-23

Hermanos, nosotros no somos esclavos de la ley, sino que somos libres.  Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias a Dios por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones”. (Efesios 1.15-16)

 

No hay mayor alabanza que la gratitud.  “Vuestra fe en el Señor Jesús” y el “amor para con todos los santos” son para el apóstol Pablo, ocasión de alabanzas continuas, expresadas en la intimidad de sus oraciones en favor de los creyentes de la iglesia.

La aseveración “de vuestro amor para con todos los santos”, es una que debe servir de reflexión continua para la Iglesia de Dios, que es una, santa y universal.  Vivir en armonía y con alcance de trascendencia, es vital para aquellos que profesan la fe en el Señor.  Hacerlo es comprender que la Iglesia es del Señor y a su vez reconocer su carácter eternal.  Esto, entre otras cosas, apunta a la buena nueva de que somos parte en igualdad de condición en relación a “todos los santos”.

No hay menores ni mayores.  Hay un pueblo de Dios que discurre a través de las edades del testimonio bíblico, que hizo presencia en los primeros siglos después de Cristo, que vivió en resistencia en tiempos de reforma, que vive presente entre los que somos y nos espera con brazos abiertos en el futuro indefinido.  Mostrar amor hacia todos los creyentes, es la conciencia cabal de nuestra hermandad cristiana.

No hay “fe en el Señor Jesús” si no hay “amor para con todos los santos”.  No hay “amor para con todos los santos” si no hay “fe en el Señor Jesús”.  Ambas premisas conviven para testimonio de una fe viva que nos inserta en esa “grande nube de testigos” que nos supera y a su vez nos acoge.

Oración

Señor, queremos que nuestra fe sea viva en el amor para con todos los santos.  Que nuestras manifestaciones de amor abracen la confesión sobre la iglesia de Dios: una, santa y universal.  Con gratitud y alabanza.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida.  Jesucristo nuestro Señor.  ¡Amén!

Autor: David Cortés