15 de octubre de 2016

1 Corintios 14.26-40

 

«Hermanos míos, cuando se reúnan, todo lo que hagan debe ayudar a los demás.  Unos pueden cantar, otros pueden enseñar o comunicar lo que Dios les haya mostrado, otros pueden hablar en idiomas desconocidos, traducir lo que se dice en esos idiomas.  Pero háganlo todo de manera correcta y ordenada». (1 Corintios 14.26,40 TLA)

 

La iglesia de Corintios presentaba una amalgama de situaciones que reclamaba con urgencia la intervención del Dios trino.  Dicha intervención se hizo presente a través de la presencia del Espíritu Santo, y la palabra de Dios padre en la comunicación de Pablo, apóstol de Jesucristo.

Pablo les convidó a deshacerse de los excesos en la Cena del Señor y buscar la comunión.  A vivir en íntimo vínculo como Cuerpo de Cristo.  A considerar en sus vidas, el camino más excelente: el amor.  A procurar los dones espirituales para la edificación de la iglesia.  Esto, entre otras cosas, es evidencia elocuente del sal pa’fuera que reinaba en la Iglesia de Corinto.  Ante lo descrito, el apóstol Pablo los anima a revisar sus actuaciones al momento de reunirse.  “Pero háganlo todo de manera correcta y ordenada”.  Él les ha compartido los referentes esenciales y los fundamentos de la experiencia cristiana.  Ahora toca ponerlos por obra, teniendo en claro que “cuando se reúnan, todo lo que hagan debe ayudar los demás”.

Al revisar nuestro hacer, es imperativo la mirada nueva.  Hay que ponderar los caminos que nos ofrecen nuevas oportunidades.  Respondamos al desafío de Dios, quien espera más de nosotros y nos invita a recorrer por el camino de la excelencia y el orden.  “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvamos a Jehová.  Vuélvenos, oh Jehová a Ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio”.

Así como en la vida de la iglesia, hagamos una mirada sobre aquellas cosas que demandan la excelencia y el orden, para recuperar aquellos proyectos de vida que hemos descuidado.  Busquemos con insistencia la coherencia en nuestro querer y hacer cotidiano.  Dejemos atrás todo pensamiento y conducta que nos ate al exceso, la desconexión, lo perecedero y lo fatuo.  Volvamos “al lugar de nuestro encuentro”.  Señor, “Llévame a la cruz”.

 

Oración

Señor, habiendo escudriñado nuestra vida, hemos errado en nuestro caminar.  Hemos hecho a gusto y gana y solo hemos construido para destrucción.  Queremos volver a Ti.  Retomar la promesa que hicimos a los pies de Cristo.  Queremos volver a hacer lo que Tú has encomendado, pero esta vez con excelencia y orden.  En el nombre de Aquel que es camino, verdad y vida.  Amén.

Autor: David Cortés