20 de noviembre de 2016

Efesios 6.10-24

Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. (Efesios 6.13 RVR1960)

 

El creyente vive en medio de una guerra.  Aunque sabemos que somos más que vencedores, el enemigo no se queda quieto ante su derrota, sino que constantemente trata de atacar al creyente con todas sus fuerzas, para hacerle caer.  Ante este panorama, hay varias verdades espirituales que el apóstol Pablo debe comunicar a los efesios y a nosotros, consolidando el mensaje de su carta.  Para lograrlo, utiliza una imagen que apela a la cotidianidad de la iglesia allí: la vestimenta de un soldado romano.  Para nosotros, la escena podría parecerse a la de un general ofreciendo el último discurso a sus tropas, en vías de prepararles antes de salir a la guerra.

Con frecuencia, pensamos que nuestros enemigos son personas que nos maltratan, nos insultan o nos acosan.  Pero Pablo nos advierte que ésta es una guerra diferente.  El enemigo que enfrentamos es espiritual.  Por esta razón, no es posible que luchemos con nuestra propia fuerza y nuestra humana sabiduría.  Nuestras armas en esta batalla tienen que ser espirituales.  De ninguna manera proceden del hombre.  El creyente solo las puede obtener de Dios.  Es con Su fuerza que tal enemigo puede ser vencido.

Vistámonos con TODA la armadura de Dios.  La verdad, la justicia, la proclamación del evangelio de la paz, el escudo de la fe, la salvación, la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios y la oración.  Si no aprendemos a resistir al enemigo con el poder de Dios, no podremos vivir una vida victoriosa y transformada.

 

Oración

Amado Señor, Te necesitamos.  Hoy rogamos que nos ayudes a ser soldados disciplinados y dispuestos a luchar por este Evangelio que hemos recibido.  Ayúdanos a resistir y a estar firmes, sabiendo que nuestra fuerza proviene de Ti.  Amén.

Autor: Migdalis Acevedo