19 de mayo de 2017

Deuteronomio 5-6

«Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es.  Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas.  Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes». Dt 6.4-7 (RV 95)

El capítulo 6 contiene el Shemá (verbo hebreo imperativo que significa escucha).  Es una guía para la nueva vida del pueblo con Dios.  En él se observa un llamado al pueblo de Israel a varios asuntos medulares: (1) Dios es uno (no cambia y cumple Sus promesas, por generaciones Él se ha revelado y en Él se puede confiar); (2) amar a Dios con todo: (con el corazón, alma y todas las fuerzas, implicando mutualidad y compromiso total del ser); (3) obedecer los estatutos y preceptos de Dios (fidelidad); (4) enseñar quien es Dios a las próximas generaciones (en todo tiempo y lugar para llevarlos a la fe).  La intención de Dios es establecer pacto perpetuo con el pueblo y que este responda y viva a la altura del mismo.

La Palabra del Señor es buena noticia de salvación.  Jesús al principio de Su ministerio en la sinagoga de Jerusalén resumió Su misión al decir: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor” (Lc 4.18-19).  Estas buenas noticias son para todos y al igual que el Shemá, las palabras de Jesús siguen retumbando en los corazones de los creyentes cristianos.  Nosotros la Iglesia, como pueblo de Dios que ha hecho pacto a través de Su Hijo Jesucristo, estamos llamados a amar a Dios con todo lo que somos, a obedecer y vivir los valores del Evangelio, a contar a nuestras familias y próximas generaciones y a todo el mundo las grandes proezas del Señor.  Todo ello para hacer que el reino de los cielos se siga dando en todo lugar, pues Él es “el mismo ayer, hoy y por los siglos” (He 13.8).

Oración

Señor y Dios nuestro, gracias por Tu revelación a nuestras vidas.  Permite que podamos escuchar, entender, vivir y compartir Tu Palabra con otros para que puedan conocerte.  Ayúdanos compartir la semilla de Tu evangelio con pasión, alegría y compromiso.  Todo para la gloria de Tu Nombre.  Amén.