2 de abril de 2017

Éxodo 18-20

«Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tu podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar».  Éxodo 18.19a, 23 (RVR1960)

 

Apacentando las ovejas de su suegro Jetro, Moisés llegó hasta el monte Horeb y allí «se le presentó el ángel del Señor en medio de una zarza que ardía en fuego y no se consumía».  Similar a esta, fueron muchas las experiencias sobrenaturales en las que Moisés disfrutó de presencia y diálogo con Dios.  Pero ahora, en esta ocasión será diferente.  No hay zarza ardiendo sin consumir.  La voz de Dios no se hace audible.  Su vara no tomó forma de serpiente, ni tiñó las aguas de Egipto en sangre y menos dividió las aguas del Mar Rojo.  Lo que va a ocurrir tendrá como referencia una visita familiar, un diálogo entre un suegro y su yerno y finalmente un día de mucho trabajo en la rutina de Moisés.

En esa experiencia de convivencia que sugiere el día a día, Jetro observó que Moisés estuvo «desde la mañana hasta la tarde» juzgando entre los miembros del pueblo.  Se percató que no tenía sentido lo que estaba haciendo Moisés.  «¿Qué es esto que haces tú con el pueblo?».  La explicación de Moisés le abrió la puerta al consejo de Dios en labios de su suegro.  «No está bien lo que haces.  Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo.  Oye ahora mi voz; y te aconsejaré, y Dios estará contigo».

En medio de las obligaciones y responsabilidades que manejamos de día en día, escuchemos la voz de Dios en el consejo sabio que habla desde lo ordinario, lo común, desde el otro.  «Pastor, ¿usted comió?», «Pastora, ¿qué necesita?», «Hermanos, quiero colaborar con ustedes».  Hagamos introspección sobre cómo y en quiénes estamos invirtiendo nuestro tiempo y esfuerzo en la obra del Señor.  Que el cansancio, la fatiga o el agotamiento no sea una falsa guía y referencia para sentir que lo estamos haciendo bien.  ¡Compartamos e incluyamos a otros(as) en la experiencia de servicio!  Por otro lado, al igual que Jetro, seamos de bendición a los que sirven.  Observemos, veamos y hagamos compromiso con Dios y con ellos.  «Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tu podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar».

Oración

Señor, escuchamos con atención y humildad el consejo sabio que viene de Ti para bienestar del pueblo y de los que sirven en liderato.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo el Señor.  Amén.