10 de mayo de 2017

Números 25.1–26.51

«Y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Y el furor de Jehová se encendió contra Israel».  Números 25.2b-3b (RV1960)

 

Balaam bendijo al pueblo de Israel desde Bamot-baal.  Este era un pueblo de Moab, uno de los “lugares altos” relacionados a la adoración a Baal.  Desde allí se podía tener una vista inigualable del campamento israelita y, más tarde, este lugar fue asignado a la tribu de Rubén como herencia.

Pasado este momento, el pueblo que fue bendecido desde las alturas, mostró su fragilidad y flaqueza de carácter en las llanuras, pues se mezcló con gente que servía a otros dioses y terminó contaminando su adoración.  Dios no comparte Su gloria con nadie y la adoración a Su nombre debe ser pura y santa, como Él es Santo.  Así que mostró su furor hacia su pueblo.

Él no había dejado de amar a Israel, este aun contaba con Su bendición y Sus cuidados, pero los cuidados y el amor de Dios hacia este pueblo eran por gracia y no por sus méritos.  En otras palabras, Israel era un pueblo indómito, de dura cerviz, pero Dios lo amaba; no merecía el perdón y la bendición de Dios, pero Él lo amaba.  ¿El secreto?… Su inmenso amor.

Como las infidelidades del pueblo de Israel eran nuevas cada mañana, así son las nuestras.  La buena noticia es que así mismo son las misericordias del Dios nuestro, se renuevan cada mañana.  Si tenemos vida, si estamos en pie, si tenemos sueños y esperanzas, no es porque seamos justos, buenos, o perfectos, sino, porque la gracia y el amor de Dios hacia nosotros son sin medida.  Por ello, vivimos agradecidos y es nuestro norte hacer Su voluntad.

Que el Dios de toda misericordia, nos ayude en el día de hoy a mantenernos puros y vivir en fidelidad.

Oración

Dios del cielo y de la tierra.  Damos gloria y honor a Tu Nombre.  Reconocemos que Tu amor nos es inmerecido y que siempre seremos hallados faltos delante de Ti.  Y que, si hay algo de valor en nosotros, si tenemos alguna esperanza y contamos con Tu gran bondad, es solo por Tu gracia.  Ayúdanos a amarte, servirte y honrarte.  Y por favor, nunca apartes de nosotros Tu incomparable amor.  Amén.