29 de agosto de 2017

2 Crónicas 18-20

«¡No sabemos qué hacer; por eso tenemos los ojos puestos en ti!»  2 Crónicas 20.12b DHH

 

Atraído por la experiencia previa por la bahía de Santa Lucía, escogí la excursión en catamarán, como el evento del día, aquella mañana en Malasia.  Resultó ser un viaje muy incómodo, de casi dos horas, mar adentro, con movimientos muy desagradables que me provocaron mareos y náuseas.  Terminé en cuclillas agarrado a una puerta y con mis ojos fijos en el horizonte, como punto focal, para aliviar la sensación de vértigo.

Tras el anuncio de un ataque muy serio, de enemigos unidos, Josafat, rey de Judá, declaró al Señor que lo único que podían hacer era fijar los ojos en Él, porque no sabían qué otra cosa hacer.  Esa es una declaración poderosa.  No hay ostentación de poder humano, sino de rendición total al Dios de los ejércitos.  La respuesta de Dios fue contundente.  Los enemigos se auto derrotaron al entrar en confusión cuando los cantores designados, marcharon cantando, al frente de las tropas.

Hay situaciones en las cuales nos sentimos como Josafat.  Se nos acaban las alternativas, el conocimiento, los títulos y todo aquello de raigambre humano que pudiéramos pensar que nos daría la victoria.  Es entonces que fijar los ojos (en quien siempre deben estar) afinadamente en el Señor siempre victorioso, es lo mandatorio.

Aplica a situaciones de familia, de iglesia, de país.  Esta semana he escuchado varios analistas de la vida del país decir que no saben que se puede hacer.

Nosotros, la iglesia de Cristo, tenemos un norte, una fuente inagotable de poder.  Enfoquemos nuestra mirada en Él y traigámosle todo asunto, independientemente de la categoría a la cual pertenezca.

Oración

Padre santo, nuestra mirada está puesta en Ti.  Hágase Tu voluntad, porque ella siempre produce bendición y paz.  Amén.