Reflexión para el 11 de abril de 2017

Éxodo 37-38

Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, las que se hicieron por orden de Moisés por obra de los levitas bajo la dirección de Itamar hijo del sacerdote Aarón. Y Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todas las cosas que Jehová mandó a Moisés.” (Éxodo 38:21-22)  RV 1960

Dios dio a Moisés todo tipo de instrucción en cuanto a los detalles para la construcción del nuevo lugar de encuentro con Dios, el Tabernáculo. Él tenía sueños con respecto a este lugar, el cual sería de bendición al pueblo, pues allí se ejecutarían los sacrificios para el perdón de sus pecados, traerían sus ofrendas y Dios respondería descendiendo y habitando en medio de ellos.

Los sueños de Dios nunca son solo sueños, siempre tienen un propósito, aunque éste parezca fuera del alcance del entendimiento humano. Así que el Señor se había encargado de depositar en medio de su pueblo tanto la sabiduría, inteligencia y habilidades, como todo material necesario para que el proyecto del Tabernáculo se hiciera una realidad. Todo ahora dependía de la disposición del corazón y la obediencia del pueblo, pues cuando se juntan los sueños de Dios y Su provisión, con la disposición del corazón y la obediencia, todo es posible.   

La obra era majestuosa, difícil. Cada poste, grabado, textil u objeto forjado, tenía una medida y un diseño específico con muchísimos detalles. Mas se pudo realizar gracias a que los que trabajarían en la obra, eran gente capaz de obedecer, aunque no pudieran entender.

Es posible que en el día de hoy Dios te pida que hagas algo que pudiera parecerte difícil e incomprensible. Algo para lo cual pienses que no estás capacitado. Si Él te ha llamado, es porque tiene sueños para tu vida; si te ha llamado, es porque ha depositado en ti la capacidad necesaria para la tarea y, ha de suplir en Su santa providencia todo lo necesario. Solo hace falta que respondas en obediencia y dispongas tu corazón. El resto, Dios lo hará.
Oración

Dios del cielo y de la tierra, ¡alabado sea Tu nombre! Te damos gracias, porque aun pudiendo rechazarnos, nos has amado. En el día de hoy queremos que veas la disposición de nuestro corazón para amarte y servirte. Capacítanos, para que en Tu nombre y con Tu ayuda hagamos proezas para Tu gloria. Y por favor, danos las fuerzas necesarias para vivir en Tu voluntad.