12 de marzo de 2017

Génesis 26

“No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré.” Génesis 26:2b,3b RV 1960

La palabra “crisis” es muy usada en los tiempos que vivimos. Son pocas las conversaciones que se desarrollan sin usar este término. El mismo puede cambiar de significado dependiendo el campo al que se aplique, pero en general, una crisis es una situación mala o difícil. Lo cierto es que, sea en el campo de la salud, la economía, las relaciones de familia o cualquier otra área, las crisis cambian nuestra realidad. Cuando enfrentamos crisis, nos vemos forzados a tomar decisiones. También, medidas extremas que impactan nuestra vida y la de nuestras familias. Aunque ninguna crisis es eterna, el impacto de las decisiones o acciones que tomemos ante las mismas, puede ser a largo alcance.

Isaac enfrentaba una de las crisis más terribles que puede un matrimonio incipiente enfrentar: el hambre y la escasez. Abraham ya no estaba, había muerto, y le tocaba al nuevo patriarca de la familia, enfrentar tan difícil panorama. ¿Qué hacer?, ¿A dónde ir?…  Me imagino que eran las preguntas que bullían en la mente de Isaac. Al parecer, algo sencillo y hasta cierto punto lógico, era ir a Egipto.  Allí, con seguridad, encontraría comida y sustento para todos. Sin embargo, Dios tenía una alternativa que al parecer Isaac no había considerado. Este le pide que permanezca donde estaba, porque allí lo iba a bendecir.

Para Isaac, el consejo de Dios no tenía ningún sentido. ¿Por qué padecer hambre cuando en Egipto había abundancia de comida? No obstante, obedeció, pues la voz de Dios, además de darle dirección, trajo a su memoria los pactos y las promesas que estaban sobre su vida. ¿El resultado? Bendición y abundancia sin medida. Donde no había, hubo para el siervo de Dios y para su familia. 

Es que Dios es fiel y cumple Sus promesas, Él ve lo que nuestros ojos no pueden ver y promete ser nuestro amparo y auxilio aún en el momento más difícil. Por eso, aún en medio de la más terrible crisis que podamos enfrentar, vale la pena ir a Su presencia, escuchar Su voz, obedecer en fe y, abandonarnos en Su mano de amor. 

Si enfrentas un momento difícil, no actúes sin antes hablar con Dios. Con seguridad, por inexplicable que pueda parecer su consejo, acarreará gran bendición para ti y para los tuyos.

Oración

Dios de bondad, Tú que atiendes a nuestra oración, danos en este día la dirección que necesitamos. Guíanos en cada paso del camino. Tómanos de la mano, pues el momento es difícil y podemos perecer. Te encomendamos nuestras vidas, ponemos en Tus manos nuestras dificultades y esperamos en Tu bondad. En el nombre de Jesús, amén.

Autor: Migdalis Acevedo