26 de marzo de 2017

Éxodo 3-4 

«1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. 2 Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.»  Éxodo 3.1-2

 

Una de las mayores cualidades de un líder, es la capacidad de poder responder de manera efectiva en los momentos de crisis.  Sin embargo, es necesario que el líder sea formado cuando atraviese los desiertos de la vida, donde se experimenta la soledad y el trabajo duro.  El líder que es moldeado en esta realidad, se hace fuerte y está preparado para enfrentar los cambios difíciles de la vida.

Es aquí donde nos encontramos a Moisés, en la antesala a muchos cambios.  Dios se vuelve activo en la historia de Israel y lo primero que hace es llamar y comisionar a Moisés.  En medio de una vida segura y cómoda, bajo el amparo de su suegro, es llamado a convertirse en el instrumento de Dios para traer libertad a Israel.  Sin darse cuenta, Moisés fue preparado por Dios para que respondiera a una vida de servicio, donde no había garantía alguna de éxito material, ni de una vida cómoda.

Lo grandioso del encuentro entre Moisés y la zarza, no estaba en lo que se vio, sino en lo que se escuchó.  Aquellas palabras que manifestaban la preocupación de Dios por la situación de esclavitud física y espiritual de Israel, fueron clavadas en el corazón de Moisés.  Dios se preocupa por aquellos que tienen necesidad de ser libertados; sin embargo, los tiempos buenos pueden alejarnos de Dios y hacernos esclavos del pecado, y los tiempos malos pueden acercarnos a Dios y hacernos libres.  No puede haber libertad si hay cadenas que nos atan.  Al igual que Moisés, nos ha llegado el tiempo de responder a Dios.  La zarza se mantiene encendida y no se consume, aún nos queda tiempo para responder.  Hoy, Dios nos llama por nuestro nombre para servirle, Suyo es el poder para darnos la victoria de la encomienda.

 

Oración

Amantísimo Padre Celestial, Te agradecemos por la oportunidad que nos das al servir.  Que hermoso es saber que fuiste Tú quien nos elegiste y no nosotros a nosotros mismos.  Te pedimos que siempre nos ayudes en las encomiendas que Tú nos das, dependemos de Ti en todo.  Que nuestros oídos estén siempre atentos a Tu voz para obedecer.  En el Nombre de Jesucristo, Te lo pedimos.  Amén.