26 de diciembre de 2016

Hebreos 1

Pero tú eres el mismo… Hebreos 1.12c (DHH)

Son muy comunes y frecuentes las fiestas de las clases graduadas de hace muchos años.  Todos los domingos vemos en el periódico fotos de alguno de esos encuentros de amistades y compañeros de clase.  Aunque los años han pasado y dejado sus huellas y marcas, es común escuchar en esos re-encuentros: “fulana/no, no has cambiado.  Eres la misma, te ves igualita”.  En realidad, no es cierto.  Los cambios están ahí, sobretodo en el físico, afectado por el inmisericorde tiempo.

El autor de Hebreos comienza su mensaje sobre la figura del Hijo de Dios, presentándolo como superior a cualquier criatura celestial y con una preminencia inigualable.  Su propósito al escribir, es dejar claramente establecido que no hay otro a quien podamos acudir en la hora de la necesidad ni en quien podamos confiar en el momento más profundo y terrible de la vida.

La explicación la estamos celebrando una vez más en estos días.  A Dios se le ocurrió hacerse uno como nosotros… y por eso nació Jesús en la cueva de los animales allá en Belén.

Jesús, el Hijo de Dios, vino a demostrar claramente que en Dios no hay cambio.  Es el mismo siempre.  Decidió amarnos, y esa decisión no se ha re-evaluado.  Cada día nos ama con la misma intensidad, a pesar de nuestras fluctuaciones.  Las escrituras bíblicas trazan una trayectoria de búsqueda intensa de parte de Dios hacia nosotros.

Los seres humanos le ponemos obstáculos, nos “escondemos”, posponemos la decisión, presentamos variadas excusas, pero como dice la ranchera, Él sigue amándote así.

Celebra hoy, con intención y emoción, ese amor que no cambia, porque viene de Aquel que es el mismo siempre.

 

Oración

Gracias por Tu obstinado amor Señor.  Lo disfruto plenamente y lo comparto con otros porque los amas igualmente.  En Jesús.  Amén.

Autor: Luis Montañez