Lunes, 19 de septiembre de 2016

Romanos 12

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2 RV 1960)

 

Todo el mundo hoy en día habla de su “estilo de vida”.  Al hacerlo, casi siempre se refieren a aquellas cosas que pueden o no hacer y lo que pueden obtener.  Sin embargo, el estilo de vida de una persona es mucho más que eso, es más bien su identidad, su idiosincrasia, su manera de ver la vida y vivirla.

En los capítulos anteriores, Pablo hace un recuento de cómo el amor y la gracia de Dios proveyeron para que, mediante la cruz de Cristo, hoy gozáramos de una salvación inmerecida.  En este capítulo, sin embargo, hace un llamado al creyente a encarnar el evangelio y a responder al amor y la gracia de Dios, viviendo una nueva vida en Cristo.  En otras palabras, lo que Pablo está tratando de decirnos es que, si somos una nueva criatura en Cristo, debemos vivir de una manera diferente a la que vivíamos antes.  En el argot boricua sonaría algo así como: “Si eres cristiano, que se te note”.

Y, ciertamente, lo que Dios nos pide es que nuestra vida entera sea un culto a Su gloria.  Es por eso que no podemos vivir conforme a las filosofías de vida modernas.  Estas instan a “hacer lo que haya que hacer, porque la vida se vive solo una sola vez” (“YOLO” – “you only live once”).  Hermanos míos, de ninguna manera.  Nuestra vida pertenece a la luz y no a las tinieblas; tiene propósito, requiere de entrega y está destinada a tener un final de gloria.

Esto, no por lo que nosotros podamos hacer, sino por quien nos amó tanto, que dio Su vida en la cruz del Calvario para reconciliarnos con nuestro creador, cuya voluntad siempre es agradable y perfecta.

 

Oración

Dios, Te doy gracias porque un día derramaste Tu amor y Tu gracia sobre mí y ahora tengo esperanza y vida nueva.  Te ruego que renueves mi mente cada día, de manera que pueda entender Tus propósitos y Tu buena voluntad.  Fortaléceme, para no mirar a otro sino a Ti, mi Señor; para no seguir a otros, sino Tus pasos en la arena, pues sé que siempre irás delante de mí. A Ti solo quiero agradar.  Amén.

Autor: Rvda. Migdalis Acevedo