13 de marzo de 2017

Génesis 27.1-29.14

“Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.  Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses?  Yo le bendije, y será bendito.”  Génesis 27.32-33 (RV1960)

Isaac estaba a punto de morir y debía imponer sus manos sobre sus hijos e impartirle la bendición patriarcal.  Estos hermanos luchaban entre sí desde el vientre de su madre.  Sobre ellos Jehová había dicho que el mayor iba a servir al menor.  Así que, aunque Esaú era el mayor, Jacob era el escogido de Dios para el cumplimiento de su pacto con Abraham.

Esaú era de carácter despreocupado.  En un momento de necesidad, había cedido voluntariamente su primogenitura a su hermano, a cambio de un potaje.  Ahora, su padre le llama para darle su bendición de primogénito y él responde con prontitud, a pesar del acuerdo con su hermano.  Por otro lado, Raquel, quien siempre amó más a Jacob, recordaba las palabras dichas por Jehová a la hora del nacimiento de sus hijos y, confabuló con Jacob para que recibiera la bendición de su padre antes que el primogénito Esaú, mediante estratagema.

La confabulación entre madre e hijo, aunque hizo posible que Jacob recibiera lo que anhelaba, acarreó consecuencias funestas para la vida de la familia.  Sentimientos de odio en contra de su hermano inundaron el corazón de Esaú.  La angustia y el dolor oscurecieron los últimos días de Isaac.  Y Jacob se vio precisado a vivir huyendo de su hermano y alejado de su madre para siempre 

¿Qué movió a Rebeca a dicha acción?  No lo sabemos, tampoco nos toca juzgar.  Pero, sí afirmamos que ninguna acción humana es óbice para que Dios cumpla Sus propósitos.  Él no necesita nuestra ayuda para hacer Su voluntad.  Además, si una cosa es segura, es que el engaño y la mentira tienen un costo muy ato.  Por ello, como gente de Dios, somos llamados a caminar siempre por el camino de la verdad.

 

Oración

Señor del cielo y de la tierra.  En este día Te pido perdón si es que en el anhelo de que se cumpla Tu voluntad, he abandonado el camino de la verdad.  Ten misericordia de mí, muéstrame Tu gracia y encamíname en Tus propósitos eternos.  Amén.

Autor: Migdalis Acevedo