7 de junio de 2017

Josué 16-18

«La frontera del territorio asignado a los descendientes de José comenzaba en el sur, a la altura de los manantiales de Jericó, cerca del río Jordán. Luego pasaba por Jericó hacia el noroeste, atravesando el desierto y la región montañosa, hasta Betel». Josué 16.1 (TLA)

 

Al llegar al capítulo 16 de Josué es inevitable volver al primer capítulo. Llegado el tiempo que en parte a la desobediencia le fue negado, se comienza a distribuir la promesa de Dios a los que asumieron con esfuerzo y valor la convocatoria del «Yo soy». 

«Levántate y pasa», «nadie te podrá hacer frente», «estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé», «esfuérzate y sé valiente». Son entre otras, expresiones de los labios de Dios que imprimieron confianza y voluntad sobre su siervo para bendición del pueblo, puntualizando el que fueron hechas en medio de una crisis. Por un lado, la muerte de Moisés, y por el otro, la renovación del pueblo a causa de su desobediencia en el desierto. 

Aunque la providencia divina sea el autor de nuestra bendición, un recorrido a través del contraste entre la crisis y la oportunidad de promesa con extensiones de «hasta Betel», casa De Dios, nos permite constatar que no hay promesa sin amor obediente. Porque la provisión de Dios en palabras de ánimo, promesa, autoridad y presencia son vida al que camina. «Lámpara es a mis tu palabra y lumbrera a mi camino». 

Oración

Señor, ayúdame a despojarme de todo aquello que interrumpa Tu voluntad en mi vida. En cada paso del camino quiero afirmar que Tú eres quien me levanta. Que solo Tú eres quien «da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas». En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida. Jesucristo el Señor. Amén.