19 de agosto de 2017

1 Crónicas 18.1-21.27

 

«Y dijo David: “Tendré misericordia con Hanún hijo de Nahas, porque también su padre tuvo conmigo misericordia”.  Así David envió embajadores para que lo consolaran de la muerte de su padre.  Pero cuando llegaron los siervos de David a la tierra de los hijos de Amón, donde estaba Hanún, para consolarlo, los príncipes de los hijos de Amón dijeron a Hanún: “¿Según tu parecer ha enviado David a consolarte porque quiere honrar a tu padre?  ¿No vienen más bien sus siervos a ti para espiar, examinar y reconocer la tierra?” (1 Cr 19.2-3 RV95

 

David envía embajadores para dar palabras de consuelo a Hanún por la muerte de su padre, quien fuera rey de los amonitas.  Pero los príncipes de Amón, malinterpretando la acción de David, le dicen a Hanún que los embajadores vienen para espiar y luego atacar su reino.  Así que Hanún se deja llevar por los malos consejos y humilla a los embajadores y posteriormente hace guerra con Israel.  El resultado fue que él, su pueblo y sus aliados son derrotados y tomados como siervos por Israel.

Vemos también en el texto de hoy, que David se deja seducir por el poder y por Satanás y manda a censar al pueblo.  Su mala decisión y su necedad trajo como consecuencia una gran mortandad en el pueblo de Israel.  No fue hasta que reconoce su error, pide perdón y hace sacrificios de paz, que Dios cesa la mortandad.

Ambos ejemplos muestran como las decisiones incorrectas producen consecuencias negativas para quien las hace y para los demás.  En medio de las situaciones de la vida debemos cuidar de no tomar decisiones apresuradas por recelos o miedos, tampoco por creernos poderosos o arrogancia, entre otras pasiones dañinas.  El recordatorio es a ser sabios, reflexionar y tomar decisiones sosegadamente, en oración, buscando la voluntad de Dios y no la nuestra.  No en balde el consejo de Pablo a Timoteo de “tener cuidado de sí mismo” (1Ti 4.10a), este se hace palpable también para nosotros hoy.

Oración

Dios y Padre nuestro, Dios de sabiduría a Ti vamos reconociendo que dependemos de Ti.  Perdona cuando por nuestra necedad te fallamos.  Llénanos de Tu Espíritu para discernir y tomar decisiones adecuadas que estén conforme a Tu voluntad.  Por Jesús, nuestro Salvador.  Amén.