31 de julio 2017

2 Reyes 6-7

«Y oró Eliseo al Señor, diciendo: “Te ruego, Señor, que abras sus ojos, para que vea”.  El Señor abrió entonces los ojos del criado, y éste vio que la montaña estaba llena de caballería y de carros de fuego alrededor de Eliseo».  2 Reyes 6.17 (DHH)

 

Nos llama la atención lo espectacular y milagroso.  Ocurría también en el tiempo de Jesús.  Por eso Jesús, en el primer ciclo de su ministerio, le decía a los que sanaba que no dijeran nada a nadie.  No buscaba seguidores deslumbrados con los milagros, sino a los que aceptaran su mensaje sobre un nuevo estilo y norma de vida.

El criado de Eliseo, aunque veía, no podía ver la provisión y el cuidado de Dios para él y Eliseo.  El profeta oró para que Dios abriera sus ojos espirituales.  Dios le permitió ver un ejército celestial que rodeaba la casa donde estaban, protegiéndolos.

Constantemente Dios está actuando y realizando acciones portentosas.  No las vemos, pero están ahí.  Él prometió estar con nosotros siempre.  Su estadía no es pasiva, sino activa.  El problema somos nosotros.  Nuestra miopía espiritual no nos permite ver con claridad el entorno en el cual Dios está trabajando.

Oremos para que el Señor afine nuestra visión espiritual para ver su manifestación a nuestro alrededor.  Oremos también para que creamos siempre, aunque no veamos, que él permanece fiel y cuida de los suyos.

¿A qué te enfrentas que te causa temor?  Recuerda que el Señor te acompaña en toda circunstancia.  Afirma como el salmista en el Salmo 121: “El Señor guarda tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre, amén”.

Oración

Tú eres refugio y roca firme por toda la eternidad.  Anclo mi vida en Ti.  No seré conmovido porque descanso en Ti.  En Jesús.  Amén.