10 de junio de 2017

 
Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis. Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad.” Josué 24: 13-14a RV 1960
Es común que, al inicio de un año nuevo, hagamos el ejercicio de evaluar nuestro pasado y nuestro presente. Esta ponderación nos ayuda a tener un cuadro más claro de nuestra realidad, en vías de tomar decisiones correctas para emprender el camino al futuro.
El pueblo de Israel fue citado por Josué a una asamblea que no tenía el propósito de celebrar un año nuevo, tampoco, sus últimas conquistas o, el fin de la repartición de la tierra. Comenzaba una nueva etapa en sus vidas y su relación con Dios y, debían considerar su pasado y su presente, para tomar una decisión correcta de cara al futuro. La decisión era una trascendental: ¿a qué Dios iban a servir?
Dios había sido el proveedor y sustentador de Israel. Si eran “alguien” o poseían “algo”, no era por su esfuerzo, sino por la misericordia de Dios y, así debían reconocerlo. Por ello Dios mismo les confronta: Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis. Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis” (13-14ª,15ª)
El futuro del pueblo de Dios, dependía de aquella decisión. Y era una, que debían tomar con todo el corazón.  Si abandonaban a Dios por dioses ajenos, iban a perderlo todo. Si mantenían su pacto con Dios, les esperaba un futuro de gloria.
Los mismo aplica a nuestras vidas. Si damos una mirada a nuestro pasado y nuestro presente, con seguridad nos daremos cuenta de lo bueno que ha sido Dios con nosotros. Lo que somos y lo que tenemos, TODO lo debemos a Él.  El pasado y el presente ya no lo podremos cambiar. Sin embargo, si tomamos la decisión correcta en cuanto a nuestra relación con Dios, tendremos un futuro de gloria.
Oración:
Señor eterno. Gracias por tus bondades y por la manera maravillosa en la que has hecho siempre provisión para mi vida. Gracias, porque hasta aquí, me has ayudado y sostenido. Hoy, escojo servirte y amarte hasta mi último suspiro y, dedicarte cada día de mi vida. Eres mi Dios y en ti confío y espero. Amén.