10 de julio de 2017
“Entonces la mujer dijo: ¿Por qué, pues, has pensado tú cosa semejante contra el pueblo de Dios? Porque hablando el rey esta palabra, se hace culpable él mismo, por cuanto el rey no hace volver a su desterrado.” 2 Samuel 14:13 RV 1960
Absalón llevaba algún tiempo desterrado por la muerte de su hermano Amnón. David amaba a Absalón, lo añoraba. Lloraba por él cada día y, era notable su amargura por la ausencia de su hijo.
Dándose cuenta Joab de la pena del rey, envía ante él una mujer a confrontarle. Esta mujer, fingiendo necesidad de protección para un hijo suyo (que en efecto, al igual que Absalón había terminado con la vida de su hermano), logra traer a la consideración del rey la situación de su hijo Absalón.
David repondió afirmativamente a la petición de la mujer. Estaba dispuesto a exigir protección y misericordia para el hijo de ella. Sin embargo, no había estado dispuesto a poner en acción el perdón, la misericordia y la restitución, para su propio hijo, desterrado por el mismo delito.
El ser humano tiende a ver los errores de los demás, pero es ciego a la hora reconocer los propios. Sobre ello la Palabra de Dios nos enseña de la siguiente manera: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?  ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” (Mateo 6:1-3,5)
Dios nos llama hoy a  examinarnos a nosotros mismos, antes de emitir juicio o poner cargas sobre nuestros hermanos. Para ello hemos de precisar del auxilio del Espíritu Santo de Dios, quien escudriña nuestros corazones, nos corrige y guía a toda verdad.
Oración
Dios eterno, te pido me concedas el don de Tu presencia y el auxilio de Tu Santo Espíritu, en el discernimiento de mi corazón. No permitas que en mi ignorancia ponga cargas sobre los hombros de mi hermano, que yo mismo no puedría llevar. Por el contrario, pon en mis labios Tu unción y Tu gracia, para que con ellos pueda levantar, construir, amar…