6 de enero de 2017

Hebreos 10.19-39

«Mas el justo vivirá por fe; pero si retrocede, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma». Hebreos 10.38-39 (RVR).

Mas el justo vivirá por fe; pero si retrocede, no agradará a mi alma.  Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. Hebreos 10.38-39 (RVR)

Hemos de vivir por fe. Hebreos anima a los creyentes a perseverar en la fe y conducta cristiana en medio de la persecución y de las presiones. A pesar de que sabemos que las dificultades son parte de la vida, la

realidad es que nos resultan incómodas. Por lo general, no pensamos que el sufrimiento sea conveniente. Debemos recordar que este nos ayuda a edificar nuestro carácter y espiritualidad. Los problemas que enfrentamos profundizan nuestra confianza en Dios.

Durante tiempos de grandes pruebas, podemos sentir la presencia de Dios con claridad. El saber que Jesucristo está con nosotros en nuestro sufrimiento y el esperar confiados en Él, nos ayuda a crecer en la fe y en nuestra relación con Dios. Vivir por la fe es aprender a depender del poder de Cristo. Dios está a nuestro alcance, Él vive en nosotros en la persona del Espíritu Santo.

El autor de la carta a los Hebreos habló del peligro de retroceder o renunciar a la fe y estaba expresando una advertencia. Su idea era que un creyente no debe detenerse a causa del desánimo, de la persecución, por las dificultades o por causa de las privaciones. Lo que el escritor le estaba diciendo a estos cristianos era: ¡Continúen firmes en la fe!

Recordemos la historia bíblica e inspirémonos en ella. Esta nos habla de personas que, a pesar de las persecuciones permanecieron firmes en la fe. Perseveraron sabiendo “que el justo por la fe vivirá”. Como creyentes, necesitamos un lema como este. Teniendo en cuenta que el Señor está con nosotros, ¡Continuemos! ¡Continuemos activos en la causa de Cristo!

Nuestra relación con Dios comienza con la fe. La vida que agrada a Dios es la vida de fe. Esta fe es la que valora las promesas de Dios, contempla lo invisible, cree lo imposible y persevera hasta el fin.

¡Vamos a triunfar, pero por ahora no debemos retroceder!

 

ORACIÓN

Dios, agradecemos las oportunidades de crecimiento. Permítenos enfrentarnos a ellas con fe. Disipa de nosotros el miedo, las dudas y el desánimo. Fortalécenos, para permanecer firmes. Que con esperanza, en Tu nombre, continuemos confiados en Tus promesas. Por Cristo, Amén.

Autor: Gina Marrero