19 de diciembre de 2016

2 Timoteo 2.14-26

“Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2.14-15 RV 1960)

 

Se dice que un virtuoso ciudadano romano tenía una hermosa hija llamada Eulalia.  Ésta pidió permiso para visitar a una amiga, cuya familia no era de buena reputación, pero su padre no se lo otorgó.  —¿Me crees demasiado débil? —replicó su hija muy molesta.

Su padre tomó un carbón apagado y lo puso en la mano de su hija.  Su piel lozana y la blancura de su mano se vieron rápidamente opacadas por el tizne del carbón.  —Hay que tener cuidado al manejar carbones! —dijo de mal humor.  —Cierto, —dijo el padre, —porque, aunque no queman, tiznan.  Y lo mismo ocurre con las malas conversaciones y las malas compañías.

El padre quería dar una enseñanza a su hija, demostrándole que hay cosas que no parecen malas, pero pueden marcarnos para siempre.  Él pretendía protegerla de una influencia que consideraba no era buena y de palabras que pudieran salir de la boca de aquella joven amiga, de valores dudosos.

Tenía razón, pues hay poder en las palabras y si son inadecuadas y se expresan con convicción, pueden dañar el alma, minar el pensamiento y afectar a la persona que las escucha, en especial si ésta carece de madurez.

En la iglesia se habían levantado falsos maestros que dominaban el don de la palabra, pero lo invertían en conversaciones inútiles, que en nada edificaban.  Éstas, sembradas en los corazones de los nuevos creyentes, tergiversaban el evangelio que habían recibido.  Pablo insta a Timoteo a evitar esa práctica y ser diligente, manteniendo un testimonio digno, que agradara a Dios.  Él pensaba que ofrecer una sana y correcta enseñanza de la Palabra, era la mejor manera de contrarrestar las doctrinas de error.

Hoy, existen las mismas amenazas al evangelio, pero también el mismo llamado a mantenernos firmes proclamando el evangelio puro y fundamentado en la Palabra.  Si así lo hacemos, nada podrá detener el avance del Reino de los Cielos en medio nuestro.

 

Oración

Padre celestial, gracias por haberme alcanzado y perdonado.  Te ruego que me ayudes a usar mis dones solo para Tu gloria.  Afirma mis pasos, de manera que mi vida y mi mensaje sean íntegros y Te reflejen a Ti.  Inspírame día a día para que pueda continuar proclamando a otros Tu grande amor.  Amén.

Autor: Migdalis Acevedo