10 de diciembre de 2016

2 Tesalonicenses 3

“En realidad, teníamos derecho a pedirles que nos ayudaran, pero preferimos trabajar para ganarnos el pan, y así darles un ejemplo a seguir”. (TLA)   

2 Tesalonicenses 3.3-9

 

Era su turno.  No tenía dudas al respecto.  En ese momento pensé que era poco lo que podría hacer.  Bajé la cabeza, y con esa capacidad que tenemos para entretejer pensamientos en fracciones de segundos, le di rienda suelta a la construcción mental que anticipaba el final de mis aspiraciones y a aquello en lo cual mi familia había depositado sus esperanzas.

Hacían varios meses que no tenía una oportunidad real de entrevista de trabajo.  Con tiempo me había preparado y asegurado de tener todas las cosas en perfecto orden.  Desde la dirección, las posibles rutas, el cálculo del tiempo, el nombre de la persona contacto, la ropa y todo lo demás que usted pueda estar pensando.  En mis proyecciones no había manera de fallar.  Sin embargo, hubo algo que no consideré; el apagón.

Al inicio no pasó nada.  A mi entender tenía tiempo suficiente y suficientes opciones de ruta.  Pero a medida que el tiempo avanzaba y gradualmente iba entendiendo la magnitud de lo sucedido, comencé a preocuparme.  La radio AM no me ayudaba y mucho menos el sonsonete de las bocinas.  Decidí llamar al contacto para avisarle sobre la posibilidad de mi retraso y con tono sereno y entera comprensión me respondió “no se preocupe, entiendo que esto es una situación única.  Con gusto lo atenderé en dos semanas”.  Mi respuesta osada y de inmediato fue “allí estaré a la hora acordada”.

Ya cerca, con ganas de dejar el carro en el medio y salir corriendo, llegué al cruce.  Pero no era mi turno.  Fue ese momento cuando bajé la cabeza.  Pasadas algunas fracciones de segundos escuché una bocina entre tantas otras, levanté mi cabeza de inmediato y miré a aquel anciano que con sonrisa y gesto me cedía su derecho al paso.  ¡Esa fue la diferencia y una gran lección de vida!

En los cruces y los tranques, el derecho cede al camino del ejemplo.  San Juan de la Cruz decía: “Bienaventurado el que, dejando aparte su gusto e inclinación, mira las cosas en razón y justicia para hacerlas”.  El apóstol Pablo se expresó sobre el ejemplo supremo de servicio y entrega de Jesús y dijo: ‘el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse”.  Quien ofrece el ejemplo, sobre el reclamo del derecho, muestra el mayor amor.  “En realidad, teníamos derecho a pedirles que nos ayudaran, pero preferimos trabajar para ganarnos el pan, y así darles un ejemplo a seguir”.

 

Oración

Señor, con Tu ejemplo nos llamas al camino más excelente.  En Tu entrega nos abrazas con amor eterno.  Ayúdanos a seguir Tu camino y obrar con desprendimiento ante la tentación del reclamo superfluo.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida.  Jesucristo el Señor, ¡Amén!

Autor: David Cortés