23 de octubre de 2016

2 Corintios 3

 

Es evidente que ustedes son una carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente.  No en tablas de piedra sino en tablas de carne, en los corazones. (2 Corintios 3. 3 NVI)

¿Cuándo fue la última vez que escribiste una carta?  Hoy en día es muy poco común.  El uso de emails, tweets, mensajes de textos, facetime y métodos similares, han desplazado el papel y reducido el costo de la comunicación.  En cuestión de segundos, nos enteramos de lo que está pasando en cualquier lugar del globo.

No siempre fue así.  En el mundo del apóstol, las cartas eran muy importantes y preciadas.  De hecho, gran parte del Nuevo Testamento son cartas cuyos destinatarios originales no éramos nosotros.  Una carta de recomendación abría muchas posibilidades, incluidas las ministeriales.  Aunque sabía esto, Pablo establece que la mejor carta de recomendación que presenta es la vida de los corintios afirmados en Cristo, por su ministerio apostólico, desarrollado entre ellos.

Tu y yo somos ese email, tweet y mensaje de texto que continuamente otros están leyendo.  Cuando un mensaje sale del celular o de la computadora, no tiene vuelta atrás.  Seguirá circulando en los medios y aunque sean borrados, pueden recuperarse.  Las experiencias de mensajes o emails enviados cuando se les debió dar “delete” abundan…  Algunos han causado grandes dolores de cabeza.

Por lo tanto, lo que otros leen de nosotros, nos recomienda o nos delata.  Más importante aún, refleja lo que creemos y por lo que vivimos.  Como cristianos nuestro mensaje tiene que estar alineado con nuestra fe.

Cuando salgamos esta mañana a enfrentar la vida, ¿qué mensaje estará leyendo la persona con la cual interactuamos?

Oración

Padre santo, gracias por escribir Tu historia en mi corazón.  Ayúdame a compartirla en cada encuentro con otro ser humano.  En Jesús.  Amén.

Autor: Luis Montañez