24 de noviembre de 2016

Filipenses 2.19-30

Pero ustedes conocen bien la entereza de carácter de Timoteo. (Filipenses 2.22ª NVI)

 

Las redes sociales catapultan a las personas famosas.  De hecho, cuando se abre una de estas cuentas, recibimos automáticamente sugerencias para seguir a un artista o deportista famosos.  Algunas personas miden su éxito por el número de seguidores, pues significa que el mundo de la publicidad invierte en sus páginas para promover sus productos entre la nube de seguidores.  Así nos convertimos en “followers” de gente que realmente no conocemos.  La imagen externa no necesariamente es directamente proporcional a la realidad de la vida emocional de esa persona.

Pablo conocía bien a Timoteo.  En su encuentro inicial escuchó que la iglesia hablaba bien de este hombre joven.  El apóstol lo acogió y lo llevó de la mano.  Timoteo se convirtió en un líder de comprobado carácter.  No fama o reputación, sino carácter.  Alguien dijo que reputación es lo que la gente ve de nosotros.  Carácter es lo que verdaderamente somos en nuestra soledad.

Los cristianos estamos llamados a vivir con entereza de carácter.  De hecho, hablamos del fruto del Espíritu (Gálatas 5.22-23), que en realidad son los atributos o el carácter de Cristo.  Esa es la vara contra la cual nos medimos.  Requiere intención y acción todos los días, pues el carácter no se forma por soñarlo o desearlo, sino por trabajarlo con las herramientas y el aliento que nos da el Señor.  Para ello, está con nosotros todos los días.

No medimos nuestro éxito por los “fans o followers” que tengamos.  No es nuestra meta, pero el entorno social y comunitario en el cual nos movemos debe atestiguar de nuestro carácter… Es el mejor testimonio.

 

Oración

Padre bueno, que hermoso modelo encontramos en la vida de Timoteo.  Ayúdanos cada día a afirmar una entereza de carácter que impacte positivamente a los demás.  Amén.

Autor: Luis Montañez