4 de abril de 2017

Éxodo 23-24

«Dios también les dijo: Yo enviaré mi ángel para que los proteja y los guíe en el camino que habrán de seguir para llegar al lugar que les he preparado». Éxodo 2.20 (TLA)

Precedida de ordenanzas e instrucciones que encausan la vida para bienestar, surge el anuncio de la promesa. ¿Cuántas veces has pensado: «Es mejor hacer las cosas solos»?  Y es que basta con recordar alguna ocasión donde hayas sido parte de un trabajo de grupo para la escuela o la universidad. ¡Cuántos dolores de cabeza!  Por más simple que sean los requerimientos académicos del trabajo, la exigencia de relación y convivencia parcial que supone trabajar en grupo puede llegar a consumirnos hasta al punto de la ansiedad.

En los trabajos en grupo, cada paso demanda un esfuerzo mayor.  Ponerse de acuerdo sobre un asunto es un logro que merece toda celebración. Es común ver en la primera reunión a todos unidos y entusiasmados.  Pero al final son muy pocos o ninguno los que permanecen.  Muchas veces en lo único que logran un acuerdo es que cada cual hará lo suyo y por separado.  Después de todo, se impone el esfuerzo individual que lucha por sobresalir o destacarse y hacer invisible la participación del otro.  El trabajo del grupo termina siendo un remiendo académico de muy poco valor y una pérdida del esfuerzo y el tiempo valioso.

El trabajo en grupo demanda humildad, paciencia, compromiso, esfuerzo, consideración del otro, entre otras cosas a mencionar.  Tales demandas y actitudes nos podrían hacer pensar que caminar hacia la promesa puede ser un tramo de pocos días y menor esfuerzo si vamos solos.  Pero cuando la promesa de Dios es para un pueblo, no podemos actuar solos y separados.  Tal vez el maestro o el profesor pueda percatarse que el trabajo del grupo no es representativo de un esfuerzo colectivo.  Y, aun así, decide ignorar ese criterio y evalúa solo el elemento académico.  Pero, para Dios, en el camino hacia la promesa, el esfuerzo colectivo, el concierto de voluntades, la manifestación del amor entre pasos y descanso, es lo que resulta sustancial «para llegar al lugar que les he preparado».  Él cumple Su pacto haciendo provisión de protección, «Yo enviaré mi ángel para que los proteja», y guía, pero nos toca a nosotros caminar juntos y no solos, en convivencia de acuerdos, poniendo de nuestra parte.

 

Oración

Señor, nos abrazamos como un solo pueblo a Tus promesas.  Tú prometiste preparar lugar para vivir junto a Ti en comunidad eterna.  Ayúdanos a resistir la tentación de aislarnos ante el desafío de la convivencia.  En el nombre de Aquel que es Camino, Verdad y Vida; Jesucristo el Señor.  Amén.